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KAHLIL
GIBRÁN
ALAS ROTAS
(1912)
IV
LA ANTORCHA BLANCA
Acaba de terminar el mes de Nisán, y yo seguía
visitando la casa de Farris Efendi, y seguía viendo a Selma en
aquel hermoso jardín, contemplando su belleza, maravillándome
de su inteligencia y oyendo los silentes pasos de la tristeza.
Sentía que una mano invisible me llevaba hacia ella.
En cada visita percibía un nuevo significado de
su belleza, y una nueva intuición de su dulce espíritu, hasta
que la joven llegó a ser como un libro cuyas páginas pude
entender, y cuyos elogios podía yo cantar, pero que nunca
podría terminar de leer. Una mujer a la que la Providencia ha
dotado de belleza espiritual y corporal es una verdad, a la
vez manifiesta y secreta, que sólo podemos comprender mediante
el amor, y a la que sólo podemos tocar con la virtud; y cuando
hacemos el intento de describir a tal mujer, su imagen se
desvanece como la niebla.
Selma Karamy poseía la belleza corporal y
espiritual, pero, ¿cómo describirla a quien no la haya
conocido? ¿Puede un hombre muerto recordar el canto de un
ruiseñor, y la fragancia de una rosa, y el susurro de un
arroyo? ¿Puede un prisionero cargado de pesadas cadenas seguir
a la brisa de la aurora?
¿Acaso el orgullo me impide hacer la
descripción de Selma sólo con palabras ya que no puedo
pintarla con luminosos colores? El hombre hambriento en el
desierto no se negará a comer pan duro, si el cielo no hace
llover sobre él el maná y las codornices.
En su blanco vestido de seda, Selma estaba
esbelta como un rayo de luz de luna que pasara a través del
cristal de la ventana. Caminaba graciosa y rítmicamente.
Hablaba en voz baja y con dulces entonaciones; las palabras
salían de sus labios como gotas de rocío que cayeran de los
pétalos de las flores, al agitarlas el viento.
Pero, ¡qué decir del rostro de Selma! Ninguna
palabra podría describir su expresión, que reflejaba, ora gran
sufrimiento interno, ora exaltación celestial.
La belleza del rostro de Selma no era clásica;
era como un sueño de revelación que no se puede medir ni
circundar, ni copiar con el pincel de un pintor, ni con el
cincel de un escultor. La belleza de Selma no residía
propiamente en sus cabellos de oro, sino en la virtud y en la
pureza que los rodeaban; no en sus labios, sino en la dulzura
de sus palabras; no en su cuello de marfil, sino en el suave
arco de su frente. Tampoco residía su belleza en la línea
perfecta de su cuerpo, sino en la nobleza de su espíritu, que
ardía como una blanca antorcha entre la tierra y el cielo. Su
belleza era como el don de la poesía. Pero los poetas son
personas desventuradas, pues, por más alto que se eleven sus
espíritus, siempre estarán envueltos en una atmósfera de
lágrimas.
Selma era muy pensativa, más que parlanchina, y
su silencio era como una música que lo llevaba a uno a un
mundo de sueños y que lo hacía escucharlos latidos del propio
corazón, y ver los fantasmas de los propios pensamientos y
sentimientos al lado de uno, como si nos miraran a los ojos.
Selma tenía un aura de profunda tristeza que la
acompañó toda su vida y que acentuaba su extraña belleza y su
dignidad, como un árbol en flor que nos parece más bello
cuando lo vemos envuelto en la niebla del alba.
La tristeza fue un lazo de unión para su
espíritu y para el mío, como si viéramos en el rostro del otro
lo que el corazón sentía, y como si oyéramos al mismo tiempo
el eco de una voz oculta. Dios había creado dos cuerpos en
uno, y la separación no podría ser sino una cruel agonía.
Los espíritus melancólicos reposan al reunirse
con otros espíritus afines. Se unen afectuosamente, como un
extranjero al ver a un compatriota suyo en tierras lejanas.
Los corazones que se unen por la tristeza no serán separados
por la gloria de la felicidad. El amor que se purifica con
lágrimas seguirá siendo eternamente puro y hermoso.
Prefacio | I-Callada Tristeza | II-La Mano del Destino | III-La Entrada al Santuario | IV-La Antorcha Blanca | V-La Tempestad | VI-El Lago de Fuego | VII-Ante el trono... | VIII-Entre Cristo e Ishtar | IX-El Sacrificio | X-La Libertadora
Alas Rotas | Jesús, el Hijo del Hombre | Jesús, el Hijo del Hombre(Cont) | El Profeta | El Jardín del Profeta | La Voz del Maestro

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