
EL
CALEUCHE:
Cuenta la leyenda que el Caleuche es un buque que navega y vaga por
los mares de Chiloé y los canales del sur.
Está tripulado por brujos poderosos, y en las noches oscuras va
profusamente iluminado. En sus navegaciones, a bordo se escucha música
sin cesar. Se oculta en medio de una densa neblina, que él mismo
produce. Jamás navega a la luz del día.
Si casualmente una persona, que no sea bruja se acerca, el Caleuche
se transforma en un simple madero flotante; y si el individuo intenta
apoderarse del madero, éste retrocede. Otras veces se convierte en una
roca o en otro objeto cualquiera y se hace invisible.
Sus tripulantes se convierten en lobos marinos o en aves acuáticas.
Relatan que los tripulantes tienen una sola pierna para andar y que
la otra está doblada por la espalda, por lo tanto andan a saltos y
brincos. Todos son idiotas y desmemoriados, para asegurar el secreto de
lo que ocurre a bordo.
Al Caleuche, no hay que mirarlo, porque los tripulantes castigan a
los que los miran, volviéndose la boca torcida, la cabeza hacia la
espalda o matándole de repente, por arte de brujería. El que quiera
mirar al buque y no sufrir el castigo de la torcedura, debe tratar de
que los tripulantes no se den cuenta. Este buque navega cerca de la
costa y cuando se apodera de una persona, la lleva a visitar ciudades
del fondo del mar y le descubre inmensos tesoros, invitándola a
participar en ellos con la sola condición de no divulgar lo que ha
visto. Si no lo hiciera así, los tripulantes del Caleuche, lo matarían
en la primera ocasión que volvieran a encontrarse con él. Todos los que
mueren ahogados son recogidos por el Caleuche, que tiene la facultad de
hacer la navegación submarina y aparecer en el momento preciso en que se
le necesita, para recoger a los náufragos y guardarlos en su seno, que
les sirve de mansión eterna.
Cuando el Caleuche necesita reparar su casco o sus
máquinas, escoge de preferencia los barrancos y acantilados, y allí, a
altas horas de la noche, procede al trabajo.
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