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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) Entre
tanto, Tha, el primer elefante, seguía ocupado en crear
nuevas selvas y en encauzar
ríos. Imposible que pudiera estar en todas partes, por lo
cual nombró dueño y juez
de la selva al primer tigre, asignándole la obligación de
que resolviera todos los altercados
que el pueblo tenía el deber de sujetar a su juicio. Corno
todos los demás animales,
en aquel tiempo el primer tigre comía fruta y hierba. Su
tamaño era igual que el mío, y era hermosísimo, todo él
del color de las flores de enredadera amarilla. Carecía de
rayas en la piel en aquellos tiempos felices en que la selva
era joven. Acudía ante su presencia,
sin ningún temor, el pueblo todo de la selva, y su palabra
era la ley para todos.
Recordarán que les dije que no formábamos entonces sino un
solo pueblo. Una
noche, sin embargo, hubo una disputa entre dos gamos (fue
una riña por cuestión de
pastos, una riña como las que ustedes dirimen ahora con los
cuernos y las patas). Cuentan
que, en tanto hablaban los dos a la vez ante el primer
tigre, que estaba echado entre
las flores, uno de los gamos lo empujó sin querer con los
cuernos; olvidó en ese momento
el primer tigre que era el dueño y el juez de la selva:
saltó sobre el gamo y le partió
el cuello de una dentellada. Ninguno
de nosotros había muerto hasta aquella noche. El primer
tigre, al darse cuenta de
su fechoría y enloquecido por el olor de la sangre, huyó
hacia los pantanos del Norte. Nosotros,
en la selva, quedamos sin juez, y pronto dimos en luchar los
unos contra los otros.
Tha, al escuchar el ruido, regresó entonces. Unos le dieron
una versión de lo ocurrido,
en tanto que otros le daban otra versión, pero él, al ver
al gamo muerto entre las
flores, preguntó quién lo había matado; pero nosotros los
de la selva no quisimos decírselo
porque el olor de la sangre también nos había enloquecido.
Corríamos de acá para
allá, formando círculos, brincando, ululando y sacudiendo
la cabeza. Entonces, a los
árboles de ramas bajas y a las enredaderas de la selva, les
dio Tha la orden de que señalaran
al matador del gamo, de manera que él pudiera reconocerlo,
y añadió: -Ahora,
¿quién quiere ser dueño del pueblo de la selva? Saltó
rápidamente el mono gris, que habita entre las ramas, y
chilló: -Yo
quiero ser dueño de la selva. Rióse
Tha al escuchar esa petición, y le contestó: -Así
sea. Y
después de eso, se marchó de muy mal humor. Todos
ustedes conocen, hijos míos, al mono gris. Entonces era lo
que es ahora. Al comienzo
guardó toda la compostura de un sabio. Más,
de ahí a poco, empezó a rascarse y a saltar, así que,
cuando regresó Tha, lo halló colgando
cabeza abajo de una rama, haciendo burla de los que estaban
en el suelo, los cuales,
a su vez, hacían burla de él. Por tanto, no había ley en
la selva... sino tan sólo charla
insulsa y palabras sin sentido. Tha,
entonces, hizo que nos acercáramos a él todos y dijo: -El
primero de vuestros dueños trajo a la selva la muerte; el
segundo, la vergüenza. Por tanto,
hora es ya de que tengan ustedes una ley, una ley que no
puedan ustedes quebrantar.
Ahora van a conocer el miedo, y, una vez que lo hayan
conocido, se darán muy
bien cuenta de que él es el amo de ustedes, y todo lo demás
marchará por sí solo. Entonces
nosotros, los de la selva, dijimos: -¿Qué
significa miedo? Y
respondió Tha: -Busquen,
hasta que lo encuentren. Por
lo cual fuimos de un lado a otro de la selva, buscando al
miedo, y de pronto, los búfalos.
-¡Uf!
-dijo Mysa desde el banco de arena en que se hallaban los búfalos,
pues era él quien
los dirigía. -Sí,
Mysa, los búfalos. Volvían con la noticia de que en una
caverna, en la selva, estaba sentado
el miedo; que no tenía pelo en el cuerpo y que caminaba tan
sólo con las patas posteriores.
Nosotros, los de la selva, seguimos entonces al rebaño
hasta llegar a la caverna,
¡y allí estaba el miedo, de pie en la entrada! Corno
dijeron los búfalos, tenía la piel
desnuda de pelo y caminaba sólo con las piernas de atrás.
Gritó al vernos, y su voz nos
llenó de espanto, de ese mismo espanto que nos inspira hoy
esa voz cuando la oímos,
y, atropellándonos los unos a los otros y haciéndonos daño,
huimos entonces, porque
teníamos miedo. Y me contaron que, a partir de aquella
noche, ya los de la selva no
nos echamos juntos como solíamos, sino que nos separarnos
por tribus.., el jabalí con el
jabalí, el ciervo con el ciervo; cuernos con cuernos,
cascos con cascos, cada quien con El
único que no se hallaba con nosotros era el primer tigre;
estaba todavía escondido en -Me
dirigiré hasta donde se encuentra eso y le partiré el
cuello. Durante
toda la noche corrió hasta que llegó a la caverna; pero,
recordando la orden que En
este momento de la narración, Mowgli se rió
disimuladamente hundiendo la barbilla Tha
oyó los rugidos; tan fuertes eran. Y dijo: -¿Qué
desgracia te sucede? El
primer tigre levantó el hocico al cielo, recién hecho
entonces y tan viejo ahora, y -¡Tha!
¡Te lo ruego! ¡Devuélverne mi antiguo poder! Me
avergonzaste ante todos los -¿Y
por qué? -interrogó Tha. -Porque
estoy manchado con el fango de los pantanos. -Ve
a nadar, pues, y luego revuélcate sobre la hierba húmeda;
quedarás limpio, si eso es El
primer tigre fue, pues a nadar, y luego se revolcó cien y
cien veces sobre la hierba Entonces
dijo el primer tigre: -¿Qué
hice para que me sucediera esto? Y
Tha respondió: -Mataste
a un gamo, y con ello entró abiertamente la muerte en la
selva, y con la muerte A
lo que contestó el primer tigre: -Nunca
me tendrán miedo a mí, pues los conocí desde el
principio. Respondió
Tha: -Ve
a cerciorarte de ello. El
primer tigre empezó a correr (de un lado a otro dando voces
y llamando al ciervo, al Vencido
su orgullo y abatiendo la cabeza contra el suelo, regresó
el tigre y desgarraba la -Recuerda
que hubo un tiempo en que fui dueño de la selva. ¡No te
olvides de mí, Tha! ¡Permite
que recuerden mis hijos que hubo un tiempo en que no supe lo
que era
vergüenza,
ni miedo! Y
Tha le contestó: -Esto
es lo que haré por ti, ya que tú y yo juntos vimos nacer
la selva. Cada año, por Entonces
respondió el primer tigre: -Me
place. Pero
montó en cólera cuando, poco después, fue a beber y se
vio las rayas negras sobre Retumbaba
el trueno por las secas colinas, pero no lo acompañó la
lluvia, sino tan sólo Relamióse
el primer tigre y respondió: -¿Y
qué importa? ¡Maté al miedo! Replicó Tha: -¡Ah,
ciego e insensato! Le quitaste a la muerte las cadenas que
apresaban sus pies, y Erguido
junto al cadáver, dijo entonces el primer tigre: -Está
como estaba el gamo. No existe ya el miedo. Juzgaré de
nuevo ahora a los pueblos Pero
Tha respondió: -Nunca
más te buscarán los pueblos de la selva; nunca cruzarán
tu camino, ni dormirán Pero
el primer tigre se sintió lleno de audacia porque su noche
aún no había pasado, y -Pera
Tha, lo prometido es deuda. ¿Me privará él de mi noche? Contesté
Tha: -Tuya
es la noche que te concedí, como ya dije; pero algo habrás
de pagar por ella. Tú le El
primer tigre continuó: -Aquí
está, bajo mi garra, con el espinazo partido. Haz que la
selva sepa que yo maté al Se
rió Tha entonces, y dijo: -Mataste
a uno de tantos; pero ve y cuéntaselo tú mismo a la
selva.. . porque tu noche ha Se
hizo entonces de día, y de la caverna salió otro de los de
la piel desnuda, quien, al ver -¡Ahora
arrojan cosas cortantes! -interrumpió Ikki deslizándose
hacia la orilla y Hathi
prosiguió: -Era
una estaca puntiaguda, como las que ponen en el fondo de los
hoyos que sirven de -¡Ahi! ¡Au! -dijo el ciervo al pensar en todo lo que esto significa para ellos. -Y
tan sólo cuando, como ocurre ahora, un gran miedo parece
amenazar todas las cosas,
podemos
los habitantes de la Selva poner a un lado todos nuestros
recelos de poca -¿Tan
sólo durante una noche teme el hombre al tigre? -preguntó
Mowgli. -Sólo
durante una noche -respondió Hathi. -Pero
yo... y ustedes.., y toda la selva sabemos que Shere Khan
mata hombres dos y tres -En
efecto. Pero entonces ataca por la espalda y vuelve la
cabeza al saltar, porque siente -¡Ah!
-dijo para sí Mowgli, revolcándose en el agua-. Comprendo
ahora por qué Shere -¡Hum!
-exclamó Bagheera desde lo más hondo de su garganta-. ¿Sabe
el tigre cuál es -Nunca,
hasta que brilla claramente el Chacal de la Laguna, al
elevarse por encima de la Lamentóse
tristemente el ciervo y los labios de Bagheera se movieron
esbozando una -¿Conocen
los hombres esa historia? -preguntó. -Nadie
la sabía sino los tigres y nosotros los elefantes. . . los
hijos de Tha. Ahora, todos Y
Hathi hundió su trompa en el agua, como significando que no
quería hablar más. -Pero...
pero... pero. .. -dijo Mowgli, volviéndose hacia Baloo: -¿Por
qué el primer tigre no siguió comiendo hierba, hojas y árboles?
Después de todo, -Los
árboles y las enredaderas lo señalaron, hermanito, y lo
convirtieron en esa cosa -Entonces
tú sabías también el cuento, ¿verdad? ¿Por qué no te
lo oí nunca? -Porque
la selva está llena de cuentos de ese estilo. Si empiezo a
contártelos, no acabaré La
Ley de la Selva Esta
es la ley que gobierna nuestra selva, Los
lobos que la cumplan, medran;
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