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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) Se
alegraron de nuevo al ver la luz del día; y, cuando ya
estuvieron de regreso en su -Esto
es más brillante que los ojos de Bagheera -dijo alegremente
haciendo girar el rubí-. -No
sé. Lo que siento hasta el extremo de mi cola es que no le
hicieras probar tu -No;
Bagheera debe ver esto. ¡Buena suerte! Se
marchó Mowgli danzando, blandiendo el gran ankus y deteniéndose
de tiempo en Mowgli
le contó todas sus aventuras desde el principio hasta el
fin; Bagheera olfateaba Cuando
Mowghi le narró las últimas palabras de la cobra blanca,
la pantera ronroneó -Entonces,
¿dijo la cobra blanca lo que realmente es? -preguntó
prontamente Mowgli. -Nací
en las jaulas del rey de Oodeypore, y estoy segura de
conocer algo a los hombres. Muchos
de ellos cometerían un triple asesinato en una sola noche
nada más que por -Pero
esa piedra tan sólo sirve para añadir peso. Mi brillante y
pequeño cuchillo es -Mowgli,
vete a dormir. Has vivido entre los hombres, y... -Me
acuerdo, sí. Los hombres matan aunque no estén de caza...
por ociosidad y por Bagheera
entreabrió los ojos -pues tenía mucho sueño-, guiñando
maliciosamente. -La
hicieron los hombres para meterla en la cabeza de los hijos
de Hathi, de modo que -¿Pero
por qué la meten en la cabeza de los elefantes? -Para
enseñarles la ley del hombre. No teniendo ni garras ni
dientes, los hombres -Siempre
más y más sangre cuando me acerco a escudriñar, aun en
las cosas que hizo la Lanzando
chispas, voló el ankus por el aire, y se ciavó de punta a
veinticinco metros de -Así
quedan limpias mis manos de toda muerte -dijo Mowgli, frotándoselas
en la fresca -Blanca
o negra, muerte o vida, yo me voy a dormir, herrnanito. No
puedo andar Se
dirigió Bagheera a un cubil que conocía y que usaba al ir
de caza, a dos millas de -A
lo menos, veré aquello una vez más -díjose; y se deslizó
hasta el suelo por una -¿Dónde
está la cosa que tiene punta de espina? -exclamó Mowgli. -Un
hombre se apoderó de ella. Aquí está el rastro. -Ahora
veremos si dijo la verdad Thuu. Si esa cosa puntiaguda es la
muerte, ese hombre -Mata
primero -respondió Bagheera-. Con el estómago vacío, no
hay ojo agudo. Los Mataron
lo más pronto que pudieron, pero transcurrieron casi tres
horas hasta que -¿Crees
que la cosa puntiaguda se revolverá en las mismas manos del
hombre, y matará -Lo
veremos al llegar -fue la respuesta de Bagheera, la cual
siguió al trote con la cabeza Sólo
hay un pie (quería decir que no había más que un hombre);
el peso de la cosa le -Así
es; está claro como un relámpago de verano -confirmó
Mowgli. Ambos
tomaron el cortado y rápido trote con que se sigue un
rastro, ya metiéndose en -Ahora
corre muy aprisa dijo Mowgli-. Están muy separadas las señales
de los dedos. Pisaban
sobre una tierra húmeda. -Ahora,
¿por qué tuerce hacia un lado? -¡Espera!
dijo Bagheera, y se lanzó de frente con un salto magnífico,
tan lejos como Lo
primero que debe uno hacer cuando una pista deja de ser
clara, es seguir adelante, no -Aquí
hay otra huella que viene a encontrarse con la primera. Es
de un pie más pequeño; Corrió
Mowgli y miró también. -El
pie de un cazador gondo -dijo-. ¡Mira! Aquí arrastró el
arco sobre la hierba; por eso -Es
cierto -respondió Bagheera-. Ahora, para no confundir las
señales cruzando el rastro Bagheera
saltó hacia atrás para tomar el primer rastro y dejó a
Mowgli agachado -Ahora
dijo Bagheera, siguiendo paso a paso la cadena de huellas-,
yo, pie grande, -Ahora,
yo, pie pequeño, llego a la roca -dijo Mowgli, siguiendo su
pista-. Ahora me -Lo
mismo ocurre conmigo -observó Bagheera, escondida detrás
de la roca-; espero, Resbala:
aquí está la huella sobre la piedra. Ahora, di tú tu
pista, hermanito. -Aquí
se ven rotas, una, dos ramillas y una rama grande -dijo
Mowgli en voz baja-. Ahora,
¿cómo explicaré esto? ¡Ah! ¡Está claro! Yo, pie pequeño,
me marcho, haciendo Se
apartó de la roca paso a paso, entre los árboles, elevando
la voz, desde lejos, -Me
voy.., muy lejos.., hasta donde.., el ruido.. . de la
cascada... apaga... mi propio... La
pantera había atisbado en todas direcciones para ver cómo
se apartaba el rastro de -Salgo
de detrás de la roca sobre mis rodillas, arrastrando la
cosa que tiene punta de Siguió
Bagheera la pista claramente marcada; entre tanto, Mowgli
hizo lo mismo -¿Dónde
estás, pie pequeño? -gritó Bagheera. La
voz de Mowgli le respondió a cuarenta metros de distancia,
hacia la derecha. -¡Huy!
-exclamó la pantera, con una tos profunda-. Los dos corren
lado a lado, Continuó
la carrera durante un rato, manteniéndose los dos casi a la
misma distancia, -¡Se
encontraron! Fue buena la caza... ¡Mira! Aquí se paró pie
pequeño con una rodilla Frente
a ellos, a unos nueve metros, tendido sobre un montón de
rocas desmenuzadas, -¿Está
la Thuu tan vieja y tan loca como tú decías, hermanito?
-dijo Bagheera -Sigue
adelante. ¿Pero dónde está la cosa que bebe la sangre de
los elefantes... la -La
tiene en su poder pie pequeño... quizás. De nuevo ya no se
ve sino un solo pie. El
rastro único de un hombre muy ligero que había corrido a
gran velocidad llevando un Ninguno
habló hasta que la huella los condujo a un lugar donde se
veían cenizas de una -¡Otra
vez! -exclamó Bagheera, deteniéndose de pronto, corno
petrificada. Ahí
yacía el cuerpo pequeño y apergaminado de un gondo, con
los pies en las cenizas. Al
verlo, levantó Bagheera los ojos hacia Mowgli, como si lo
interrogara. -Le
causaron la muerte con un bambú -dijo el muchacho, luego de
lanzar una ojeada-. Yo
también lo usé para ir con los búfalos, cuando servía en
la manada de los hombres. El
padre de las cobras -y siento haberme burlado de él-, conocía
muy bien la raza, como -A
la verdad, mataron, y por culpa de esas piedras rojas y
azules -respondió Bagheera-. Recuerda: yo estuve en las jaulas del rey de Oodeypore. -Uno,
dos, tres, cuatro rastros -dijo Mowgli agachándose sobre
las cenizas-. Cuatro -¡No
es cazar como se debe, el dejar en pie una pieza! ¡Sigue!
-dijo la pantera-. No No
dijeron nada más durante una hora, en tanto que seguían el
ancho rastro dejado por Ya
era de día y el sol calentaba, y Bagheera dijo: -Percibo
olor de humo. -Siempre
los hombres están más dispuestos a comer que a correr
-respondió Mowgli, -Aquí
está uno que ya no comerá más dijo aquél. Un
montón de ropas de vivos colores veíase bajo un arbusto, y
alrededor había un poco -También
esto lo hicieron con un bambú -observó Mowgli-. ¡Mira!
Ese polvo blanco es -Éste
es el tercer muerto dijo Bagheera. -Le
llevaré ranas gordas al padre de las cobras, para
engordarla -pensó Mowgli-. Eso -¡Sigue!
-ordenó Bagheera. Aún
no habían caminado un cuarto de legua, cuando oyeron a Ko,
el cuervo, que -Esa
cosa trabaja muy aprisa; todo termina aquí -comentó
Bagheera-. ¿Cómo murieron Por
medio de la experiencia, un habitante de la selva llega a
aprender tanto como lo que Mowgli
olió el humo que se levantaba de la hoguera, partió un
trozo del ennegrecido -La
manzana de la muerte -respondió-. El primero debió
mezclarla en la comida para -¡Ciertamente
ha sido buena la cacería! Las muertes se siguen muy de
cerca -dijo "La
manzana de la muerte" es lo que en la selva se llama
manzana espinosa o datura, el -¿Y
ahora? -preguntó la pantera-. ¿Debemos matarnos uno al
otro por ese asesino del -¿Puede
hablar? -dijo Mowgli en voz baja como un susurro-. ¿Lo
ofendí al lanzarlo -¿Qué
importa? Sólo son hombres. Se mataron el uno al otro, y
quedaron tan satisfechos -No
son más que cachorros, a pesar de todo; y un cachorro sería
capaz de ahogarse sólo Pero
antes debemos dormir, y no podemos dormir junto a durmientes
como ésos. También
hay que enterrarlo a él, para que no se escape y mate a
otros seis. Cava un -Pero,
hermanito dijo Bagheeva dirigiéndose al lugar que se le
indicaba-, la culpa no la -Es
lo mismo -respondió Mowgli-. Que el hoyo esté muy hondo.
Cuando despertemos, Dos
noches después, en tanto que la cobra blanca se encontraba
en la oscuridad de la -Padre
de las cobras -dijo Mowgli (había tenido buen cuidado de
quedarse al otro lado -¡Ah!
¡Ah! ¡Conque vuelve eso!... Te dije que esa cosa era la
muerte. ¿Cómo es que tú -¡Por
el toro que me rescató, te aseguro que lo ignoro! Esa cosa
mató seis veces en una La
Canción del Pequeño Cazador Antes
que Mor, el pavo real, bata sus alas,
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