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El Libro de las Tierras Vírgenes (Continuación) El
camello había estado balanceando la cabeza hacía rato con
muchas ganas de -Yo...
yo..... he estado también en una que otra batalla; pero no
trepando ni corriendo. -¡Claro!
Y ahora que hablas de ello, creo que no fuiste hecho ni para
trepar ni para -Fue...
como debe ser -respondió el camello-. Nos echamos todos... -¡Por
mi pretal y mi grupera! -dijo entre dientes el caballo. ¿Se
echaron?... -Nos
echamos... y éramos cien... -siguió diciendo el camello.
Formamos un gran cuadro, -¿Qué
clase de hombres? ¿Los primeros que se presentaron? -dijo
el caballo, A nosotros Me
molesta haciéndome cosquillas junto a la cincha, y además,
con la cabeza en el -¿Qué
importa quién dispara por encima de uno? -dijo el camello.
Muchísimos hombres -Y
sin embargo tienes pesadillas en la noche y alborotas todo
el campamento -repuso Se
hizo un largo silencio, y a continuación uno de los bueyes
levantó su enorme cabeza -Todo
eso es pura tontería. Sólo hay una manera de entrar en la
lucha. -¡Ah!
¡Sigue, sigue! -respondió Billy-. No te fijes en que yo
estoy delante. Supongo que -No
hay sino una manera -repitieron ambos a la vez. (Seguramente
eran gemelos)-. Y -¿Y
por qué suena él la trompa? -preguntó el muleto. -Para
mostrar que no quiere acercarse más al humo que hay de
aquel lado. El de las dos ¡Heya!
¡Hullah! ¡Heeyah! ¡Hullah!... Nosotros no nos encaramamos
como gatos ni -¡Oh!
¿Y ustedes aprovechan ese momento para pacer? -dijo el
muleto. -Ése
o cualquiera otro. Siempre es agradable comer. Nosotros
esperamos hasta que nos En
algunas ocasiones en la ciudad hay cañones grandes que
contestan a los nuestros y Cosas
del destino... sólo del destino. Sea como fuere, el de las
dos colas es un -¡Bueno!
A la verdad, algo he aprendido esta noche dijo el caballo-.
Y ustedes, -Tan
poco, como son pocas las ganas que sentimos de echarnos y
permitir que los Nunca
oí tales simplezas. El borde de un precipicio, una carga
bien equilibrada, un -Por
supuesto dijo el caballo-, no todos somos de la misma
madera, y veo bien que su -Deje
en paz a mí familia y a su línea paterna dijo Billy
enojado (porque a todo mulo le Brumby
significa un caballo salvaje, sin crianza. Imaginad lo que
sentiría el noble bruto, -Mira,
hijo de un garañón importado de Málaga -dijo, apretando
los dientes-, tendré que -¡Y
tú sobre tus patas traseras! -chilló Billy. Así
lo hicieron, frente a frente, y ya esperaba yo una furiosa
lucha, cuando, de en medio -Niños,
¿por qué se pelean? Esténse quietos. Ambas
bestias dejaron caer las patas con un ronquido de disgusto,
pues no hay caballo -Es
el de las dos colas -dijo el caballo-. ¡No puedo
soportarlo! ¡Tener una cola en cada -Yo
pienso exactamente lo mismo -respondió Billy, y se apretó
contra el caballo para -Supongo
que las heredamos de nuestras madres -observó el caballo.
No vale la pena -Sí
-respondió éste, con una risita que parecía subirle
trompa arriba-. Estoy atado para Los
bueyes y el camello dijeron casi en voz alta: -¡Sentir
miedo por el de las dos colas!... ¡Qué tontería! -Y los
bueyes prosiguieron: -Sentimos
que lo hayas oído pero es cierto. Dos colas: ¿por que le
tienes miedo a los -Pues...
-empezó el de las dos colas, frotando una de sus patas
traseras contra la otra, tal y
como lo hace un chiquillo cuando declama versos-, no estoy
muy seguro si me -No
entenderemos, pero la cosa es que tenemos que arrastrar los
cañones dijeron los -Sí;
lo sé. También sé que ustedes son mucho más valientes de
lo que creen. Pero no -¿Una
nueva manera de combatir, supongo? dijo Billy, que empezaba
a recobrar el uso -Por
supuesto, tú no sabes lo que eso significa, pero yo sí.
Significa algo que está entre -Pero
yo sí dijo el caballo. En parte, a lo menos. Pero hago por
no pensar en ello. -Yo
lo veo mejor que tú, y pienso en ello.., Sé que tengo un
enorme corpachón que hay -¡Ah!
-interrumpió el caballo. Eso lo explica todo. Yo puedo
fiarme de Dick. -Podrías
ponerme encima todo un regimiento de Dicks sin que me
sintiera mucho mejor. Sé
lo suficiente para sentirme a disgusto, y no lo suficiente
para seguir adelante a pesar -No
entendemos dijeron los bueyes. -Ya
sé que no lo entienden. Pero no les estoy hablando a
ustedes. Ustedes no saben lo -¡Lo
sabemos! -respondieron los bueyes-. Es una cosa roja que la
tierra chupa y que El
caballo tiró una coz, dio un salto y relinchó. -¡No
hablen de eso! dijo. Me parece olerla ahora, con sólo
imaginármela. Me dan ganas -¡Pero
si aquí no la hay! -dijeron el camello y los bueyes-. ¡
Vaya que eres tonto! -Es
vil cosa dijo Billy-. A mí no me dan ganas de correr, pero
no quiero hablar de ella. -¡Ahí
tienen ustedes! dijo el de las dos colas, moviendo la suya
para explicarse mejor. -Ciertamente.
Y aquí nos hemos tenido durante toda la noche -dijeron los
bueyes. El
de las dos colas pateó en el suelo hasta que su anillo de
hierro resono. -No
les hablo a ustedes. Ustedes no pueden ver lo que sucede
dentro de su cabeza. -Claro
que no. Sólo vemos lo que pasa afuera de nuestros cuatro
ojos. Sólo vemos lo -Si
yo pudiera hacer eso y sólo eso, a ustedes no los necesitarían
absolutamente para -Todo
eso está muy bien dijo Billy-; pero darles a las cosas
nombres rimbombantes no -¡Chitón!
dijo el caballo. Creo que entiendo lo que quiere decir Dos
colas. -Dentro
de un momento lo entenderás mejor -dijó éste de mal
humor-. ¿Quisieras sólo Empezó
a hacer resonar furiosamente su trompa. -¡Basta,
basta! dijeron Billy y el caballo al mismo tiempo. Y oí cómo
pateaban y -¡No
quiero callar! dijo el de las dos colas-. ¿Me quieren hacer
el favor de explicarme -¡Vete,
perro! -dijo. No me huelas los zancajos o te pateo. ¡Perrito
bueno... perrito -Me
parece -le dijo Billy al caballo- que nuestro amigo Dos
colas tiene miedo a un Silbé
y Vixen vino corriendo hacia mí, toda llena de lodo, me
lamió la nariz, y me narró Nunca
le había dicho que yo entendía el lenguaje de los
animales, porque se hubiera -¡Extraordinario!
¡ Extraordinario! -dijo-. Esto viene ya de familla. ¡A
ver! ¿Dónde se Le
oí que tanteaba acá y allá con la trompa. -Todos parecemos tener un punto flaco -prosiguió, soplando para limpiarse la nariz- Ustedes, señores, me parece que se alarmaron un poco cuando me oyeron trompetear. -Precisamente
alarmamos, no, dijo el caballo. Pero sentí como que me
picaban algunos -A
mí me asusta un perrillo, y a ese camello le asustan las
pesadillas que tiene de noche. -Es
una suerte que no todos tengamos que combatir de la misma
manera dijo el caballo. -Lo
que yo quisiera saber -dijo el mulo que había estado
callado durante largo rato-, lo -Porque
así nos lo mandan dijo el caballo con un ronquido de
desprecio. -¡Órdenes!
dijo Billy el mulo. Y sus dientes rechinaron. -¡Hukm
hai! (es una orden) -dijo el camello con un ruido gutural; y
Dos colas y los -Sí,
pero, ¿quién da las órdenes? dijo el muleto, el recluta. -El
hombre que va a tu lado... o que se te sienta encima.., o
que sostiene la cuerda que -Pero,
¿quién les da a ellos las órdenes? -Joven,
quieres saber demasiado -dijo Billy-, y eso es exponerse a
recibir una coz. Todo -Tiene
razón dijo el de las dos colas-. Yo no Siempre puedo
obedecer, porque estoy Los
bueyes se levantaron para marcharse. -La
mañana se acerca -dijeron-. Regresamos a nuestros puestos.
Es cierto que nosotros Nadie
contestó, y entonces el caballo dijo, para cambiar de
conversación: -¿Dónde
está el perrito aquel? Un perro siempre significa que el
hombre no anda lejos. -Aquí
estoy -ladró Vixen-, bajo la cureña, con mi amo. ¡Tú,
camello, gran bestia, -¡Psché!
dijeron los bueyes-. ¡Debe ser un blanco! -Por
supuesto dijo Vixen-. ¿Creen que a mí me cuida algún
boyero negro? -¡Huah!
¡Ouach! ¡Ugh! -dijeron los bueyes-. Vámonos pronto. Se
lanzaron entre el -¡Se
lucieron! dijo calmosamente Billy-. Nada de forcejear. Aquí
tendrán que quedarse Los
bueyes lanzaron aquellos largos y silbantes ronquidos que da
el ganado de la India, -Yan
a romperse el pescuezo! -dijo el caballo-. ¿Qué tienen
contra el hombre blanco? Yo
vivo entre hombres blancos. -Ellos,
los blancos... ¡nos comen! ¡Tira! ¡Tira! -respondió el
buey que estaba más cerca. El
yugo saltó en pedazos, y se marcharon juntos, andando
pesadamente. Nunca
había sabido yo antes por qué el ganado indio le teme
tanto a los ingleses. Nosotros
comemos buey -cosa a la que nunca toca allí un boyero-, y,
por supuesto, al -¡Que
me azoten con las mismas cadenas de mi basto! ¿Quién
hubiera creído que dos -No
importa. Voy a ver a ese hombre. Creo que la mayor parte de
los hombres blancos -Pues
entonces, te dejo. No soy muy aficionado a ellos. Además,
hombres blancos que Se
marchó Billy el mulo renqueando un poco y balanceándose
con el aire de un -Mañana
iré a ver la parada en mi dog-cart -dijo-. ¿Dónde estarán
ustedes? -A
la izquierda del segundo escuadrón. Yo marco el paso para
toda la compañía, La
gran parada de treinta mil hombres tuvo lugar aquella tarde,
y Vixen y yo tuvimos un Empezó
a llover de nuevo, y durante un tiempo la neblina no permitió
ver lo que las A
no verlo allí mismo, no puede uno imaginarse el pavoroso
efecto que causa este De
dos en dos los animales ¡Hurra! Entonces
escuché a un jefe asiático de larga y entrecana cabellera,
que había venido -Ahora
-dijo-, decidme ¿cómo ha podido llevarse a cabo cosa tan
maravillosa? Y
el oficial respondió: -Se
dio una orden, y ellos obedecieron. -Pero,
¿saben tanto las bestias como los hombres? dijo el jefe. -Ellas
obedecen, como obedecen los hombres. El mulo, el caballo, el
elefante, el buey, -¡Ojalá
así sucediera en Afganistán! -dijo el jefe-, porque allí
cada quien obedece sólo a -Y
por esta razón dijo el oficial indígena retorciéndose el
bigote-, vuestro emir, al cual CANCIÓN
DE LOS ANIMALES DEL CAMPAMENTO CON MOTIVO DE LA Los
elefantes que arrastran los cañones Los
bueyes Los
caballos Los
mulos de las baterías de montaña Los
camellos Todos
los animales juntos Entre
tanto, polvorientos van los hombres La
Foca Blanca
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