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Farewell 1 Desde
el fondo de ti, y arrodillado, Por
esa vida que arderá en sus venas Por
esas manos , hijas de tus manos, Por
sus ojos abiertos en la tierra. 2 Yo no lo quiero, Amada. Para
que nada nos amarre Ni
la palabra que aromó tu boca, Ni
la fiesta de amor que no tuvimos, 3 (Amo
el amor de los marineros Dejan
una promesa. En
cada puerto una mujer espera: Una
noche se acuestan con la muerte 4 Amo
el amor que se reparte Amor
que puede ser eterno Amor
que quiere libertarse Amor
divinizado que se acerca 5 Ya
no se encantarán mis ojos en tus ojos, Pero
hacia donde vaya llevaré tu mirada Fui
tuyo, fuiste mía. ¿Qué más? Juntos hicimos Fui
tuyo, fuiste mía. Tú serás del que te ame, Yo
me voy. Estoy triste: pero siempre estoy triste. ...
Desde tu corazón me dice adiós un niño.
Oda a la luz encantada La
luz bajo los árboles, Una
cigarra eleva Es
una copa llena
Oda a la parejaI Vamos andando
juntos II No me gusta Complétate,
Campesina Entre
los surcos tu cuerpo moreno Tu
carne es tierra que será madura al
recibir tus carnes y tus huesos ¿La
palabra de qué concepto pleno
Ángela adónica Hoy
me tendido junto a una joven pura De
su mirada largamente verde Su
pecho como un fuego de dos llamas Un
clima de oro maduraba apenas
Unidad Hay
algo denso, unido, sentado en el fondo, Me
rodea una misma cosa, un solo sentimiento: Trabajo
sordamente, girando sobre mí mismo,
Mujer, Nada me has dado Nada me has dado y para ti mi vida deshoja su rosal de desconsuelo, porque ves estas cosas que yo miro, las mismas tierras y los mismos cielos, porque la red de nervios y de venas que sostiene tu ser y tu belleza se debe estremecer al beso puro del sol, del mismo sol que a mi me besa. Mujer, nada me has dado y sin embargo a través de tu ser siento las cosas: estoy alegre de mirar la tierra en que tu corazón tiembla y reposa. Me limitan en vano mis sentidos -dulces flores que se abren en el viento- porque adivino el pájaro que pasa y que mojó de azul tu sentimiento. Y sin embargo no me has dado nada, no se florecen para mi tus años, la cascada de cobre de tu risa no apagará la sed de mis rebaños. Hostia que no probó tu boca fina, amador del amado que te llame, saldré al camino con mi amor al brazo como un vaso de miel para el que ames. Ya ves, noche estrellada, canto y copa en que bebes el agua que yo bebo, vivo en tu vida, vives en mi vida, nada me has dado y todo te lo debo.
Jardín de Invierno Llega el invierno. Espléndido dictado me dan las lentas hojas vestidas de silencio y amarillo. Soy un libro de nieve, una espaciosa mano, una pradera, un círculo que espera, pertenezco a la tierra y a su invierno. Creció el rumor del mundo en el follaje, ardió después el trigo constelado por flores rojas como quemaduras, luego llegó el otoño a establecer la escritura del vino: todo pasó, fue cielo pasajero la copa del estío, y se apagó la nube navegante. Yo esperé en el balcón tan enlutado, como ayer con las yedras de mi infancia, que la tierra extendiera sus alas en mi amor deshabitado. Yo supe que la rosa caería y el hueso del durazno transitorio volvería a dormir y a germinar: y me embriagué con la copa del aire hasta que todo el mar se hizo nocturno y el arrebol se convirtió en ceniza. La tierra vive ahora tranquilizando su interrogatorio, extendida la piel de su silencio. Yo vuelvo a ser ahora el taciturno que llegó de lejos envuelto en lluvia fría y en campanas: debo a la muerte pura de la tierra la voluntad de mis germinaciones. |
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