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III La “batida general del territorio indígena” (setiembre de 1878-marzo de 1879) Casi simultáneamente con la sanción de la ley y como paso preparatorio para la expedición definitiva, Roca lanza lo que Olascoaga, en el libro que utilizo como principal referente, denomina “batida general del territorio indígena” (O 95). La obra refleja luminosamente el efecto de la entrada en funcionamiento de dos elementos técnicos fundamentales para la transformación radical de la estrategia bélica secular contra los aborígenes: el telégrafo y el Remington. Veremos enseguida cómo en sus páginas se despliega parte de la intrincada red de mensajes telegráficos por cuyo medio Roca -no en vano apodado El Zorro- pone en juego sus dotes de organizador y político para manejar el proceso, distribuyendo y combinando en sabias dosis -con un notable manejo de los tiempos tácticos-, órdenes, sugerencias, adulaciones, reproches, acicates y felicitaciones a sus diligentes subordinados. También se aprecia el triunfalismo interesado de las respuestas desde el terreno de operaciones, posiblemente enderezado a “inflar” los propios méritos, aunque los hechos posteriores demuestren tozuda y reiteradamente su exageración e inconsistencia. La sanción de la ley está fechada el 5 de octubre de 1878. Pero el funcionamiento del sistema se había empezado a probar poco antes: Bs. As., 6/9/78Comandante Freire - Guaminí Lo felicito por el éxito de la operación del mayor Alvarez, así como a este jefe por la actividad y celo que ha demostrado. Con hechos como este, pronto acabaremos con los indios y prepararemos el camino para la gran campaña. Lo saluda afectuosamente. Julio A. Roca (O 98) Bs. As., 9/9/78 Comandante Freire - Guaminí Es necesario hacer un escarmiento con todos los indios prisioneros y no quiero que queden de ellos por allá. Tan luego como desocupe los que tiene, mándemelos para transportarlos lejos de la frontera. Le remitiré pronto algunas altas. Julio A. Roca (O 98) Trenque Lauquen, 14/9/78 Señor ministro de la Guerra. En este momento regresa el mayor Ruiz, que se mandó con 60 hombres a invadir a Pincen, 10 leguas afuera de la línea. El 11 por la mañana sorprendió una partida de treinta indios, pertenecientes a Pichipincen y Manuel Rayan, los rodeó, mató al capitanejo Carri Lonco que los mandaba y cinco indios y tomó 21 prisioneros y otro capitanejo, 88 caballos gordos y una mula(...) Pronto pienso hacerles otra visita tomando nuevo rumbo, pues Pincen está muy vigilante. Conrado E. Villegas (O 99) PINCEN En la Introducción lo mencioné como uno de los jefes independientes más importantes. Aunque fue famoso por su astucia, temeridad y bravura y por no someterse a la jefatura de caciques mayores, lo que se sabe sobre su persona es inespecífico y contradictorio. Así, según M. Hux se llamaba Vicente Pinceñ, nació en 1829 en la zona de Carhué y era hijo de un indio chileno Pinceñ. (H 136). J. Maguire escribió: Se decía que no era indio sino blanco, oriundo de La Renca en la provincia de San Luis; que en una invasión los indios lo tomaron cautivo cuando tenía tres años, que su verdadero nombre era Evaristo Rodríguez (MA 82). Para E. Zeballos, se llamaba Vicente Pinthen (‘hijo amoroso, buen nieto, hombre de familia’), nació en Carhué y heredó de su padre el gobierno de la familia; no dice que no fuera indio (Z 293, 312). A. Vúletin: Pincén era nombre de adopción de Vicente Rodríguez, nacido en Carhué según algunos autores, mientras que otros aseguran que era oriundo de Renca (San Luis), de donde lo trajeron raptado cuando era niño (...) Pincén era un poeta, o sea un genpin (‘dueño del decir’), título que tenía un gran valor en este pueblo tan imaginativo (...) Por ese motivo lo llamaron Pincén, o sea ‘el que dice de los abuelos’ (pinthen) (...) [Tras su captura fue] conducido a Martín García como prisionero, fue liberado condicionalmente por la familia Roca y llevado a Junín, donde se desempeñó como peón de estancia hasta su muerte (V 156/157).
Bs. As., 14/9/78 Al coronel Villegas - Trenque-LauquenCon verdadera satisfacción he recibido su parte. El mayor Ruiz se ha portado bien y tendremos presente este hecho que lo acredita como un jefe experto y activo. No deje aburrirse en los cuarteles a los oficiales y soldados de su División, y desprenda siempre partidas ligeras que vayan hasta los mismos toldos, aunque sean de 20 a 30 hombres. Mándeme a ésta inmediatamente y bien custodiados, los prisioneros, que no conviene aglomeraciones de indios en las fronteras. A éstos como a los que se tomen en adelante, los hemos de hacer marinos y agricultores en Entre Ríos o Tucumán. Julio A. Roca (O 100) Bs. As., 16/9/78 Comandante Freire - Guaminí Es conveniente me mande cuanto antes esos 19 indios prisioneros que tomó el mayor Alvarez. Los necesito con urgencia para el Batallón de Artillería de Plaza. Dígame cuando podrá mandar otra expedición de 80 ó 100 hombres. El coronel Villegas acaba de dar un buen golpe a los indios de Pincen. Julio A. Roca (O 100) De paso, ya nos vamos enterando qué destino se reservaba para los sobrevivientes no “sometidos”. Bs. As., 27/9/78Comandante Freire - Guaminí Contestando a su carta del 19 del corriente digo a usted que estoy conforme con lo que en ella me propone. Mando telegrama al comandante París para que le mande los cien hombres que se pondrán a sus órdenes(...) Que sea feliz en esta empresa. Julio A. Roca (O 101) Bs. As., 27/9/78 Comandante París - Carhué Disponga usted cien hombres, a tres caballos cada uno, para que marchen al punto que el comandante Freire le indicará y allí se pondrán a sus órdenes para expedicionar según autorización que tiene dicho jefe. Julio A. Roca (O 101) Bs. As., 29/9/78 Comandante París - Carhué Por su parte al Inspector de Armas no se desprende con claridad cual era el oficial que ha dirigido el combate contra los indios que forzaron la línea en la madrugada del 25. Si el hecho como acto de valor es digno de mención, avísemelo para premiarlo como se debe. Estoy dispuesto a recompensar toda acción contra los indios que revele inteligencia, actividad y coraje por el jefe u oficial que la lleve a cabo. Por eso quiero la verdad y que no se desfiguren los hechos. Julio A. Roca (O 101) No insistiré con ellos, pero regaños como el que antecede eran frecuentes. En coincidencia con la fecha de sanción de la ley, hallamos los siguientes tres mensajes, que ilustran cómo cuidaba los detalles el ministro: Bs. As., 5/10/78Comandante Vintter - Puan Apruebo sus disposiciones. Avíseme el número de fuerza que deja en la línea y después de su salida por chasque a Puan o Fuerte Argentino; téngame al corriente de lo que ocurra en la expedición. El comandante Freire va a situarse también en la Pampa, a su frente y avisará a Puan su salida, para combinar estos movimientos. Julio A. Roca (O 102) Bs. As., 5/10/78 Comandante Freire - Guaminí Puede salir cuando lo juzgue conveniente. El comandante Vintter ya está pronto y va a salir también para hacer un reconocimiento en el río Colorado. Dí orden al comandante García para que haga un movimiento de avance, con objeto de llamar la atención de los indios sobre esa parte, y facilitar, si no ocultar, las dos operaciones de Vintter y de usted. Trate de explorar el mayor terreno posible según se lo permitan sus medios de movilidad y de subsistencia, buscando alcanzar un resultado que compense el esfuerzo. Dejo a su criterio la combinación y realización de este movimiento, en todas sus partes, que confío tendrá el éxito que deseo. Combine su salida con García, y que éste dé aviso a Vintter para que el movimiento sea simultáneo en la línea. Julio A. Roca (O 102) El siguiente telegrama es significativo, además, porque la “partida por la Carlota” que menciona será el pretexto esgrimido después para aducir que los ranqueles han “roto las paces” y capturar las comisiones que llegarán para retirar las raciones, cumplido el plazo de tres meses estipulado en el tratado del 24/7/78 transcripto en Antecedentes 3), como veremos más adelante. Bs. As. 5/10/78 Coronel Villegas - Trenque-Lauquen Los Ranqueles empiezan a repetir sus invasiones sobre la frontera de Córdoba. Acaba de sentirse una partida por la Carlota. Avise al coronel Nelson para que mande con anticipación una partida en dirección al Cuero. Dígame cuándo estará pronto para hacer una entrada hacia los Ranqueles, y puedan hacerse otras iguales de Sarmiento y Villa Mercedes(...) Julio A. Roca (O 103) Veamos los resultados de las mencionadas incursiones de Freire y García. Monte 16/10/78Señor ministro de la Guerra (...) He tomado al capitanejo Lauquelen, treinta y cinco indios de lanza, 153 de chusma, 3 cautivos y 3 cautivas con hijos; se han muerto los capitanejos Canolo y Atorey y Calfumor y 23 indios de lanza, tomados ciento veinte y nueve animales vacunos, 900 ovejas y como 100 caballos y yeguas(...) el cacique Namuncurá y sus parientes, han abandonado todo, y siguen el camino de Chilhue(...) Marcelino Freire (O 105) Puán, 18/10/78 Al señor ministro de la Guerra Estoy de regreso. El resultado: tres muertos y ciento seis prisioneros entre indios de pelea y tribus pertenecientes a Cañumil(...) Las tribus en completa dispersión, y a largas distancias un toldo de otro, entre los montes(...) Teodoro García (O 104) Bs. As. 11/10/78 Al comandante García Mis felicitaciones por el buen éxito de su excursión. Es preciso repetirla a menudo, para quebrar el espíritu del indio y mantener vivo el miedo y el terror, entre ellos. Así, en vez de pensar en invadirnos, sólo pensarán en huir, buscando su salvación en la espesura de los bosques(...) Julio A. Roca (O 104) Bs. As. 18/10/78 Coronel Levalle La expedición de Freire ha dado un buen resultado y probado que no se precisan fuertes columnas para penetrar en el desierto. Se ve que el indio no hace por pelear cuando se ve invadido. Dentro de diez o doce días, puede usted mandar otra de 100 a 150 hombres; no necesita tampoco gran número de caballos que embarazan las marchas. Es necesario tener constantemente en alarma a los indios y si no siempre se alcanzan ventajas positivas, la influencia moral sobre ellos tiene que ser grande. Julio A. Roca (O 106) Bs. As. 18/10/78 Coronel Villegas - Trenque-Lauquen Es conveniente que, aunque más no sea por tener en alarma a los indios, usted mande partidas en distintas direcciones y diríjase al jefe de la frontera de Ita-ló, en mi nombre, para que él por su parte haga igual. En Villa Mercedes vamos a hacer una buena cosecha de Ranqueles. Julio A. Roca (O 106) La última frase se refiere, específicamente, al alevoso plan tramado para capturar las comisiones enviadas a retirar las raciones a que aludí más arriba. El siguiente parte del hermano del ministro lo confirma: Villa Mercedes, 23/10/1878. Al señor general Roca: En cumplimiento a las órdenes de V.E. he tomado presos a la comisión del cacique Baigorrita, compuesta de 94 indios de lanza, 8 mujeres y 6 muchachos. Es indudable que los ranqueles tienen el propósito de romper la paz, y me confirman de esta desconfianza no solamente las recientes invasiones que han tenido lugar en la estancia de los Olmos, a diez leguas del Río Cuarto, de donde se han llevado 400 yeguas, la muerte de nueve vecinos en las sierras, y la de La Carlota en estos días, sino que el cacique Epumer, que indudablemente es el que ha fomentado estas invasiones, me lo escribe diciéndome que no marchará su comisión a recibir las raciones hasta no ver que se haya despachado la de Baigorrita. Además de los 94 de la comisión se han tomado 25 indios, que estaban en ésta por negocios, lo que hace un total de 119 indios de pelea. Serán bien tratados como me lo recomienda V.E. Rudecindo Roca, Teniente Coronel (PA 547) “Tienen el propósito de romper la paz”... Entonces, no la habían roto (a confesión de parte...), y no es legítima la captura de la comisión sólo para ‘curarse en salud’. Enseguida vemos que, en realidad, se trata de una maquiavélica mixtura de provocación e intimidación para forzar a los ranqueles a pelear o someterse incondicionalmente. Aunque a esta violencia se la considere, eufemísticamente, “atraer a buenas a algunos indios”, como se dice a continuación... Buenos Aires, 23/10/1878. Al comandante Roca: Perfectamente bien. Mande un muchacho de los tomados, con pliegos a Epumer y Baigorrita, diciéndole que se toman estas medidas en represalias de los robos y muertos cometidos por sus indios y que si quieren vivir en adelante en paz con el Gobierno de la Nación, es necesario que se vengan a situar con sus tribus en los puntos que se les designará, donde se les dará vacas, ovejas y mucho dinero que de otra manera tendrá que emplearse en someterlos por la fuerza o destruirlos. Haga también que escriba Cayupán en el mismo sentido, y puede mandar con el muchacho alguna vieja, si hay en la comisión, que saben tener influencia y puede persuadir a algunos capitanejos. Si estas disposiciones no dan resultado de atraer a buenas a algunos indios, es necesario llevarles expediciones ligeras y caer a fondo sobre las tolderías. Avise al coronel Racedo, que debe encontrarse en Sarmiento, para que, a pesar de las negociaciones, ordene sin pérdida de tiempo una salida a los toldos de los indios gauchos Peñaloza y Goyse, y esos otros que hasta ahora no han querido someterse a ningún tratado. Julio A. Roca (PI 272; PA 548) A unos, por no “someterse a ningún tratado”; a los otros, por haberse sometido a uno y pretender recibir lo estipulado... Todo mientras se “negocia” como maniobra distractiva. CAYUPAN Sorpresivamente, Cayupán (Seis Pumas) aparece aquí en el bando cristiano. Era cuñado de Baigorrita -ignoro si casado con una hermana de él o hermano de una de sus mujeres- y durante la década de los 70 fue su embajador plenipotenciario en todas las negociaciones mantenidas con los blancos, desde hablar con el jefe de una partida hasta negociar los grandes tratados con los ministros del gobierno en Buenos Aires. Sus dotes diplomáticas eran reconocidas desde el Plata a los Andes. Como puede verse en Antecedentes 3), al pie del último tratado aparece como representante de Baigorrita. Tardé en averiguar el motivo de semejante cambio, y agradezco la generosidad del señor Carlos Moncaut, quien me facilitó de su colección privada, entre otras, la siguiente información del diario La Patria, de Dolores: Indios – El cacique Cayunpan [sic], que es uno de los mas prestijiosos capitanes Ranquelinos se ha establecido en Villa Mercedes, donde se cree vayan en breve á establecerse muchos indios de su tribu, que le está subordinada. Mientras Cayupan estaba en Buenos Aires entró la viruela en sus toldos y se llevó toda su familia y parte de la del cacique Baigorrita que está ligada a ella por los vínculos del parentesco. Parece que el cacique Baigorrita cree que mientras Cayupan estaba en Buenos Aires le ha embrujado la familia y mientras que Cayupan pensando mas sensatamente, cree que la suya ha perecido por los descuidos de Baigorrita. Este ha sido un motivo de desavenencia entre ambos y una de las causas por las cuales Cayupan ha tomado la resolución de establecerse entre cristianos (LPD, 24/9/1878). Obviamente, semejante acusación implicaba una sentencia de muerte por brujería. Fue reclutado con sus lanceros con grado de capitán y más tarde, ya teniente coronel, mandó la vanguardia de Rudecindo Roca que alcanzó a Baigorrita en Cochicó (Aguada de las Mariposas), donde intentó convencerlo de entregarse y parece haber facilitado el escape con su renuencia en la persecución, como veremos más adelante. Después de la campaña, como sucedió con todos los indios “amigos”, ya nadie se interesó por él. Según el padre Marcos Donati en carta del 11/2/1880: Han dado de baja a todos los indios de la Totorita y de Cayupan. Apenas diez o doce han quedado de militar. Todo el mundo está sin racion. La Providencia por suerte este año ha dado mucha algarroba, con esa se la pasan y algunos van poniendo el lomo al trabajo de peon (T 92). Ya los habían usado...
Villa Mercedes, 25/10/1878. Al Exmo. Sr. Mtro. de la Guerra, Gral. D. Julio A. Roca: El Cnel. Racedo, con 200 hombres, va en marcha sobre los toldos de Epumer(...) Cayupán me pide sus raciones y sueldos que le corresponden por este trimestre y, si el señor ministro no tiene inconveniente le haré entregar una y otra cosa; permitiéndome hacer presente a V.E. ser de oportunidad regalar a este cacique algunas vacas y yeguas de las que debían recibir Epumer y Baigorrita. Rudecindo Roca (O 107) Villa Mercedes, 27/10/78 Al Exmo. señor ministro de la Guerra, general don Julio Argentino Roca. Oficial - Ayer llegó la comisión de Epumer: eran cien lanzas; salí dos leguas de aquí a recibirlos, y al intimarle prisión resistieron, dando una carga sobre las fuerzas que había colocado a su retaguardia, llevándoselas por delante y huyendo en seguida al desierto. La persecución fué rápida y fuerte. Una hora después todo había concluído; cincuenta indios quedaron muertos en el campo, cuarenta y cinco en nuestro poder y cinco escaparon. Si agregamos a este número de muertos y prisioneros los 150 indios lanzas que tenemos tomados ya, tendremos que Baigorrita y Epumer han perdido, en ocho días, la tercera parte de sus hombres de pelea, más cuarenta de chusma, trescientos caballos y cincuenta mulas que se encuentran en mi poder. Señor ministro: la operación ha sido difícil pero feliz; no parece sino que la hermosa estrella de V.E. acompaña a sus jefes y subalternos en la ejecución de sus difíciles planes. A nombre de esta División a mis órdenes felicito a V.E. Rudecindo Roca (O 108) Buenos Aires, 27/10/78. Al comandante Roca: Se ha portado bien y el señor Presidente me encarga decirle que está satisfecho de su conducta. Dada la vieja astucia y desconfianza natural de los indios la operación de tomarlos en tanto número, escapándose uno solo la primera vez y cinco en esta última en campo abierto, ha sido realmente difícil(...) Puede largar algún viejo o vieja, haciéndoles promesas para que, volviendo a sus toldos, induzcan a las familias de los tomados a presentarse. Para estos pillos el pan en una mano y el garrote en la otra. Espero también el buen resultado de la expedición de Racedo. Mil parabienes a los jefes y oficiales de su División. Que siga el buen acierto. Julio A. Roca (PA 549) Villa Mercedes, 28/10/78. Señor Inspector y Comandante General de Armas: (...) en vista de las instrucciones recibidas del señor ministro de la Guerra, he apresado a tres comisiones de indios, pertenecientes a las tribus de los caciques Namuncurá, Baigorrita y Epumer Rosas. Esta operación no ha podido efectuarse sino después de vencer serias dificultades, pues la mayor parte de los indios ranqueles están vinculados por lazos de amistad y relaciones mercantiles con una mayoría considerable de los vecinos de estos departamentos y de esta villa con particularidad. Las comisiones de(...) Baigorrita y Namuncurá fueron las que se tomaron primero, y(...) no hicieron ninguna resistencia; pero con la gente de Epumer tuve precisión de adoptar otro temperamento, pues habiendo sabido de antemano que venían prevenidos de que se trataba de apresarlos, salí a recibirlos a 2 leguas a vanguardia de esta villa. Así que llegaron donde estaba ordené al capitanejo que encabezaba la comisión que se rindiesen él con toda su gente, a cuya intimación respondieron acometiéndonos a mano armada a cuantos nos encontrábamos presentes, por lo que me vi obligado a emplear la fuerza para contenerlos, lo que logré hasta cierto punto. Pero como la mayor parte se hubiese puesto en fuga en dirección a sus tolderías, desprendí algunas partidas para capturarlos, las cuales, como los indios no quisieron detenerse ni entregarse, hicieron uso de sus respectivas armas, dejando tendidos en el trayecto andado 50 muertos. El total de lo tomado a las tres comisiones asciende en este momento a 200 indios de lanza, 40 de chusma, 300 caballos y 50 mulas(...) Rudecindo Roca (O 109) Muchos son los datos interesantes de los mensajes que anteceden, que conviene leer cuidadosamente más de una vez para extraer también todo lo que sugieren entrelíneas. Uno de los más importantes es la mención de Rudecindo Roca, en su último informe, a los fuertes vínculos entre los rancülche y la población de Villa Mercedes, confirmación elocuente de que indios y ‘cristianos’ no eran enemigos tan mortales como siempre se los presenta. Otros, más velados: el carácter de celada traicionera con que se montó el operativo de captura; los que dejan entrever que quienes han “roto las paces” no han sido, precisamente, los rancülche; el soborno sobre Cayupán, el cuñado de Baigorrita pasado al bando contrario por las razones que ya vimos; la expedición de Racedo sobre los jefes de Epúmer (Epunguer) “a pesar de las negociaciones” y los regalos con que lo entretenían... Veamos los resultados de esta última: Villa Mercedes, 4/11/78. Al Exmo. Sr. Mtro. de la Guerra, Gral. D. Julio A. Roca: En este momento se presenta de regreso de tierra adentro un indio que mandé con hacienda y otros objetos para Epumer dos días antes de apresar la comisión de dicho cacique, y confirma la noticia(...) el coronel Racedo ha obtenido un triunfo espléndido sobre los salvajes, trayéndoles, aparte otras cosas, como 200 prisioneros entre indios de lanza y chusma(...) Rudecindo Roca (O 111) Villa Mercedes, 5/11/78. Al señor ministro de la Guerra: (...) Resultado de la expedición espléndido, a pesar de haberme sentido los indios cuatro leguas antes de llegar. He cautivado tribu Peñaloza y sus hijos Goyco y Papallo y otras tribus más. Si no me siente Epumer Rosas, no se escapa(...) Número de prisioneros monta a 370 entre los cuales hay setenta y tantos de lanza. He montado bien indios amigos con caballos quitados. Tengo reses y ovejas también. Creo no equivocarme; antes de empezar gran expedición habré vencido Ranqueles(...) Coronel Racedo (O 112) PEÑALOZA Sobre este Peñaloza y sus hijos Goise (Goico, Goigo, Gaico, etc.) y Tapayu me parece oportuno señalar la siguiente contradicción: según diversos documentos, se trataba de “indios gauchos” -término que remitía a grupos que no acataban a cacique alguno, mayoritariamente compuestos por refugiados blancos-, e incluso se dice que eran riojanos arrojados al desierto después de la derrota de las montoneras del Chacho y los Saá. El padre Marcos Donati escribe: Peñaloza murió de vejez en Tucumán y Goigo tomó mucho aguardiente fuerte y por eso le vino una enfermedad que lo llevó á la eternidad y otros veinte y tres que tomaron el rumbo de su tierra natal llegando a los llanos de La Rioja esos gauchos, se dice que á los veinte y tres degollaron (T 85). Pero otros datos refieren que el antiguo dueño de estas regiones era el cacique Peñaloza, cuya jurisdicción comprendía hasta la zona de El Morro, que murió reclamando sus derechos sobre el paraje que hoy ocupa la ciudad de Villa Mercedes, exclamando: ‘Siendo mío Fuerte Pulgas’ (G 53). En el diario de marcha de una exploración realizada durante la campaña de la 3ª División de la expedición al desierto, el comandante Anaya anota: Pichi-quehan era ahora nueve meses el albergue del famoso cacique Peñaloza, temible por su teniente el indio Gaico, su hijo, quien había puesto en el Médano Colorado una guardia que impedía el tránsito a los que mantenían relaciones comerciales con los ranqueles, exigiéndoles indemnización por el pasto y agua que sus cabalgaduras consumían, como también un derecho de introducción, lo que dejaba ver hasta dónde había avanzado la astucia de este terrible morador y dueño absoluto de estas posiciones (R 131). A la fecha no he logrado dilucidar la cuestión. El siguiente mensaje no se refiere específicamente a los rancülche, pero es interesante por varios motivos, especialmente para mostrar cómo se iba gestando la “gran campaña”. Bs. As., 6/11/78Comandante Vintter - Puan Queda aprobada su conducta; con 300 hombres escasos se ha internado 60 leguas en pleno desierto y alcanzado hasta donde hace más de cuarenta años apenas habían llegado las expediciones de Rosas, y hasta hace poco tiempo nadie se hubiera aventurado sino con un verdadero ejército. Por los datos que usted debe traer de la región del Colorado y por la toma de la tribu de Catriel su exploración, como preliminar de la campaña definitiva, es de grande importancia. El señor Presidente está satisfecho y al mostrarle su parte me ha dicho: “El comandante Vintter es un buen jefe y me complazco al ver como asegurará sobre sus hombros las charreteras de coronel que le tengo prometidas”. Saludo a usted y a los demás jefes y oficiales de su división. Julio A. Roca (O 113) Y veamos cómo en el curso de un sólo día, el 11 de noviembre, la vertiginosa sucesión de acontecimientos motiva el despacho de sucesivos telegramas y cartas, incluso a los mismos destinatarios, a medida que se va tomando conocimiento de los mismos: Bs. As., 11/11/78Teniente coronel Freire - Guaminí Comandante Vintter comunica que se le presentó Juan José Catriel con ciento cincuenta lanzas y trae a Cañumil que sabe por los indios que Namuncurá está en Salinas con Epumer y Baigorrita, preparándose para invadir. Por esto es necesario anticipar nuestra operación y en vez del 2 hacerlo el 25 o 26 a más tardar. Una invasión de los indios hoy sería de muy mal efecto y es de necesidad anticiparse a ellos.
Julio A. Roca (O 114) Bs. As., 11/11/78 Comandante Freire - Guaminí Espero que ustedes reciban caballos para disponer una nueva batida a los indios de Namuncurá antes que aprieten los calores. Como fuera de la línea, el mapa está muy errado, quisiera que usted me diga por el conocimiento práctico que tiene del terreno, hasta dónde podría alcanzar usted con 300 a 400 hombres, y hasta donde Levalle y García; de modo que marchando al mismo tiempo pudieran estar siempre en comunicación y en actitud de protegerse recíprocamente. Quiero que esta expedición, que será la última grande, hasta que pase el verano, alcance lo más lejos posible. El coronel Villegas, en estos momentos, debe estar en los campos de Baigorrita. El comandante Roca anda también en campaña y el comandante Tejedor debe llamarles en este instante la atención a los indios a retaguardia, por el camino de Chile. Espero su contestación. Julio A. Roca (O 116) Bs. As., 11/11/78 Coronel Levalle - Carhué Después que usted, Freire y García reciban caballos, quiero hacer una entrada general con las tres divisiones. Usted irá al centro. Dígame cuál será su punto objetivo y cuáles son los que deben tener Freire y García, de modo que puedan marchar al mismo tiempo y al habla, en aptitud de protegerse en un momento dado. Villegas acaba de regresar con Pincen; esta noticia ha causado aquí grande impresión. Julio A. Roca (O 115) Trenque-Lauquen, 11/11/78 Señor ministro de la Guerra En este momento regreso del Desierto. Resultado de la expedición: seis indios muertos; prisioneros: cacique Pincen, un capitanejo, diez y seis indios de lanza, 60 de chusma y 12 cautivos rescatados. En la chusma está toda la familia de Pincen. A pedido de éste he despachado un indio viejo, quien lleva encargo del mismo de decirles a los indios que se presenten. Es conveniente dejar a Pincen por unos días en este campamento, pues a su vista se han de presentar algunos. Se han tomado ciento veinte caballos, una punta de vacas y ovejas, las que han sido consumidas por las fuerzas expedicionarias. Los baqueanos muy bien. Conrado Villegas (O 115) Bs. As., 11/11/78 Coronel Villegas - Trenque-Lauquen Grande impresión ha causado en ésta la toma de Pincen, el cacique más temido de la Pampa. Usted ha sentado bien su reputación y estoy orgulloso de usted. Pero es necesario que no demore a Pincen y lo mande con todos los tomados. Causará novedad su entrada en esta capital. Julio A. Roca (O 115) Es de señalar la reiterada disputa sobre el destino inmediato de los prisioneros: Freire siempre pide retenerlos como cebo para capturar a sus allegados, pero Roca los necesita para presumir en Buenos Aires con los logros de su campaña. Bs. As., 11/11/78 Coronel Villegas - Trenque-Lauquen La toma de Pincen no puede ser más elocuente y lo felicito ardientemente por ello. Al paso que vamos, pronto habremos limpiado la pampa. Dígame hasta dónde ha alcanzado, y mándeme el itinerario de su marcha. Conviene que tenga siempre a vanguardia una partida de 30 a 40 hombres. El comandante Roca en estos momentos debe estar llegando a Leuvucó.
Le estrecha afectuosamente la mano su affmo. amigo Julio A. Roca (O 116) Apenas dos días, y ya está presionando de nuevo: Bs. As., 13/11/78Comandante García - Puan (...) Quiero, antes que aprieten los calores, hacerles una buena batida a los indios y llevarles el terror lo más lejos posible(...) Julio A. Roca (O 117) Volvamos ahora la atención a los rancülche y Baigorrita, objetivo de la entrada del comandante Rudecindo Roca a ese territorio citada dos veces en los mensajes anteriores y narrada en detalle por un corresponsal de La Prensa y el propio protagonista: ESPEDICION DEL COMANDANTE ROCA(...) La marcha se emprendió por el camino de Cochiquengan el día 8 de Noviembre. El camino elegido es quizá de los peores que se internan en la pampa, pero era necesario tomar ese rumbo para asegurar el éxito de la espedición. Considerando que la captura de Lucho [ver nota siguiente] y los suyos tenía una importancia directa en la empresa, el gefe de la división desprendió a los comandantes Panelo y Klein con treinta hombres cada uno para dar una sorpresa a ese grupo dañino. Esta operación no dio resultados, porque el estado pantanoso de los campos, la lluvia incesante que caia, influyó sin duda a que los vaqueanos equivocasen los rumbos y fueran sentidos por los indios. La división acampó en Leuvucó el día 17. El comandante Roca supo por un prisionero que consiguió tomar, que efectivamente los indios eran sabedores de su presencia en el desierto, pero no conocían con exactitud el camino que seguía, ni sospechaban el punto por donde se proyectaba caerles. Para las fuerzas expedicionarias los momentos eran difíciles y había que adoptar medidas decisivas. Se encontraban en el corazón de la pampa: Leuvucó era precisamente el viejo asiento de las tolderías de Epumer, aunque había levantado últimamente sus campamentos de allí, retirándose muy lejos. El indio se encontraba y se organizaba en Potagüe. Era indispensable operar de inmediato. Ante todo, convenía desorientar a los indios, cuya vigilancia hacía imposible una sorpresa. Al efecto se despachó a un capitanejo que acompañaba a la espedición, para que participase a los caciques Epumer y Baigorrita, que se trataba únicamente de arreglarse definitivamente con ellos para vivir en paz. El plenipotenciario Millaqueo, que así se llama el referido capitán, es cuñado de Baigorrita. El enviado emprendió su marcha a las 4 de la tarde del día 17 con orden de llegar a su destino esa misma noche y al oscurecer la división emprendió la suya al trote tendido sobre el mismo rumbo: la intención era sorprender a los grandes señores de la pampa. Eran las 4 de la mañana y las fuerzas expedicionarias llegaban fatigadas a Potagué: habían realizado una jornada de 16 leguas. Los indios se habían retirado de ese punto. Aclaraba el día 21: el temporal que envolvía a la pampa se hacía sentir con más fuerza. En este momento se aproxima en tropel la indiada que amparados por las sombras traían una carga al campamento, en donde se había formado cuadro, encerrando las caballadas dentro de él. Los alaridos feroces del salvaje poblaban los aires. La carga que llevaron fue rápida y enérgica, pero pocos minutos después eran rechazados completamente, no sin pagar un tributo de sangre a su audacia(...) Tan luego como aclaró, se desprendieron fuerzas en su persecución cuyos resultados no pudieron ser muy satisfactorios, a causa de los elementos de movilidad de que disponían. El 22 la División espedicionaria emprendió la marcha de regreso a Villa Mercedes, y durante los días de travesía, no fue molestada por los indios(...) (LP 18/12/1878) Villa Mercedes, 25/11/78. Al señor ministro de Guerra, general Roca: Acabo de llegar de Poitahué después de diez días de penosa marcha a causa del mal tiempo que continuamente hemos tenido desde nuestra partida. Logré llegar sin tener nada que lamentar al punto que dejo citado, donde permanecí acampado desde el 16 hasta el 20. Las instrucciones que V.E. me impartió sobre el movimiento ofensivo que con una parte de la división a mis órdenes debía efectuar sobre las tribus de los caciques Epumer y Baigorrita, han sido observadas, y la operación verificada con algún éxito, no obstante habernos sentido y descubierto los indios, cuando apenas nos habíamos distanciado 35 leguas de la guarnición de Villa Mercedes. Sin embargo, tengo aquí en este momento al cacique Melileo, a los capitanejos Manqueo, Pichintrú, Feliciano, Anteleo y Licanqueo, a más de setenta indios de lanza y 230 de chusma incluso prisioneros y presentados. No me ha sido dado obtener mejores resultados a causa de haber encontrado a los indios prevenidos y preparados para hostilizarnos en revancha del último golpe que les dio el coronel Racedo(...) Rudecindo Roca (O 125) LUIS ‘LUCHO’ BAIGORRIA La nota de La Prensa menciona a Lucho. Importa saber quien es: Hermano entero de Baigorrita (ver detalle al respecto en la Introducción), este inalonco -o ‘capitanejo’, según los blancos- bautizado como Luis Baigorria siguió a su hermano casi hasta el final. Fue tomado prisionero, en junio [julio] de 1879 en Cochicó (Olascoaga II, 245 y 273). El 19 se les escapó, cuando supo que su hermano había sido muerto, sintiéndose responsable de su gente (H2 142). Poco después se entregó o fue capturado con los sobrevivientes. Según Hux, Nació por el año 1850 (H2 140), pero Poncela escribe que a los diez y seis años, se batió al lado de su padrino el Coronel Baigorria en la memorable batalla de Cepeda (PO 288), ocurrida en 1859, así que habría nacido en 1843. Sería, pues, dos o tres años menor que Baigorrita. Después de una temporada en Martín García lo sacaron de allí para mandarlo a pelear contra los revolucionarios del 80, donde resultó herido, y luego quedó en libertad. Reunió a los sobrevivientes de su gente y los llevó a vivir a un lote que le asignaron en un paraje de La Pampa, donde murió el 3/2/1933 (PO 289/290).
Veamos otro ejemplo del ‘estilo Roca’ en el extracto de los siguientes tres telegramas, casualmente fechados el mismo día que el anterior: Bs. As., 25/11/78Comandante García - Puan: (...) se les ha impartido la orden para salir el 27(...) Namuncurá es buena presa y bien vale un ascenso sobre el campo de batalla a cualquiera que lo tome(...) Julio A. Roca (O 122) Bs. As., 25/11/78 Comandante Freire - Guaminí: (...) sigan el plan trazado(...) Baigorrita y Epumer, si es que están con Namuncurá, lo que no creo, deben estar con muy pocos indios(...) Si toma a Namuncurá, no tendrá necesidad de esperar llegar al Río Negro para cambiar sus charreteras por las de Coronel(...) Julio A. Roca (O 123) Bs. As., 25/11/78 Coronel Levalle - Carhué: ...Baigorrita y Epumer, si es que están con Namuncurá, lo que no creo, deben estar con muy pocos indios(...) no se aparten de(...) dicho plan(...) haga resonar un poco su nombre, Coronel: aquí tiene una buena ocasión(...) Julio A. Roca (O 123) Y sin pérdida de tiempo, dos días después apura a Racedo: Bs. As., 27/11/78. Al coronel Racedo: Me parece conveniente que usted en persona dirija la expedición que ha de concluir con los restos de los Ranqueles. Váyase preparando y avíseme qué día piensa salir. Creo que ahora estas marchas deben hacerse despacio para no fatigar los caballos. No deje perder esta luna(...) Julio A. Roca (O 128) Otros dos días, y vuelve a insistir: Bs. As., 29/11/78Al coronel Racedo - Villa Mercedes Oficial - Dígame cuando piensa salir para mandar un ingeniero que lo acompañe en la expedición. Es conveniente también una partida de 20 a 30 hombres con un oficial competente hacia el Chadi-Leuvú(...) Julio A. Roca (O 129) En cosa de un mes concluyen ambas operaciones; he aquí los resultados de la primera: Carhué, 22/12/78. Al señor ministro de la Guerra: Tengo la satisfacción de comunicar a V.E. que hemos llegado a ese punto y apoderádonos de los restos de la tribu de Namuncurá el siete del corriente, después de haber recorrido la extensa línea de tolderías ocupadas sucesivamente por los indios en su retirada hacia el oeste, visitando todas las aguadas de los flancos del camino, y tomando en ellas los dispersos y familias que no pudieron seguir a este cacique en su precipitada fuga. Namuncurá tenía conocimiento de nuestra llegada a Chiloé por los bomberos de una invasión que se disponía a traernos, y ha mantenido siempre una distancia de veinte y tantas leguas a lo menos, entre él y nuestras fuerzas, dejando en nuestro poder todo cuanto no podía llevar por falta de caballos y no atreviéndose siquiera a mostrarse. Su última guarida escogida eran las sierras de Lihuel-Calel(...) tenía entre él y las fuerzas que lo perseguían, veinte y dos leguas de travesía(...) Esa circunstancia ha impedido que cayese en nuestro poder(...) La persecución ha tenido que cesar a las diez y ocho leguas, por lo escabroso y tupido del monte y debilidad de nuestros caballos(...) Señor ministro: cincuenta y tantos indios de lanza muertos, trescientos prisioneros entre indios de pelea y chusma, y treinta cautivos entre grandes y chicos rescatados, seiscientas ovejas, cien vacas y ochenta caballos, son los resultados(...) El poder de Namuncurá está destruido; ha huido casi solo en dirección al Colorado(...) En el territorio que formaba lo que él llamaba su patrimonio(...) no queda una sola toldería y sólo vagan en él, fugitivos aislados, desligados ya de todo vínculo con su cacique que les ha arrancado los elementos de movilidad para su fuga, así como los animales de abasto que necesitan para sustentarse(...). Al felicitar a V.E. por este hecho que deja asegurado para siempre el dominio del desierto, cumplo con el deber de recomendar(...) muy particularmente a los(...) comandantes don Teodoro García y don Marcelino Freire. Coronel Levalle (O 130) Ese triunfalismo que ‘acaba con los indios’, como siempre, ‘para siempre’, agravado aquí por afirmaciones calumniosas sobre Namuncurá, surge asiduamente. Puán, 26/12/78Señor ministro de la Guerra Llego en estos momentos. No me ha sido posible traer al famoso gobernador de las tribus, pero garanto a V.E. que ni con gobierno ni gobernados se reunirán más con este personaje(...) Comandante T. García (O 131) Guaminí, 27/12/78 Señor ministro de la Guerra Me encuentro de regreso sin que me haya sido posible cumplir con sus deseos de tomar a Namuncurá, que eran también los míos(...) Por declaraciones de un indio tomado el 18, el cacique Baigorrita se encontraba en Chohai, el cacique Epumer en Quiñé Huitrú. El norte queda sin indios: los que no han querido seguir a Namuncurá se han unido al capitanejo Maniyan que está en Putron y al cacique Anher (Anünguer)(...) Se obtendrán resultados inmensos si se invade antes de 15 días, porque los indios no esperan seguramente que salgamos tan pronto, sabiendo el estado en que se encuentran las caballadas. Los indios están ricos en haciendas y caballos. Sabandija hay muy poca y se ahuyentará del 15 de enero en adelante; pero para entonces estaré en los montes, donde no se conocen tábanos, que es lo que más molesta y destruye los caballos. M. Freire (O 132) Y el ministro les expresa su reconocimiento en mensajes sin desperdicio: Bs. As., 27/12/78 Coronel Levalle Esperaba su regreso a los cuarteles de Carhué para felicitar en nombre del señor Presidente de la República y de mi parte, a usted y sus compañeros, por el resultado obtenido. Es la primera vez que Namuncurá siente como merecía el peso de nuestras armas. Ya era tiempo(...) Le faltaba a usted hacer resonar un poco su nombre en esta serie de expediciones que con tan buen éxito han llevado sucesivamente a cabo Villegas, Freire, García y Vintter por las fronteras de Buenos Aires, y Racedo, Roca y Ferreira por las del interior. Estas sí son, Coronel, campañas fecundas y nobles entretenimientos para el soldado argentino. En todo tiempo será un timbre de gloria el haber tomado parte en ellas. En esta estación es dura la fatiga, pero eso mismo realza el mérito, y el Congreso y el Gobierno de su país sabrán premiar generosamente tantos sacrificios como impone la vida permanente del Desierto. Ahora dejemos la pampa tranquila y descansen hasta marzo en que levantaremos nuestras tiendas para ir a clavarlas en los pintorescos márgenes del río Negro. Lo saluda con cariño Julio A. Roca (O 133)Bs. As., 5/1/78 Al comandante Freire - Guaminí El resultado de su expedición ha sobrepasado a lo que esperábamos, y es uno de los más completos que hemos tenido en esta fecunda campaña. Reciba usted mis más ardientes felicitaciones. Ha ganado en buena ley sus charreteras de coronel, que tendré el gusto de pedir en el Congreso este año. Mis afectos a Godoy y demás jefes que lo acompañan. Julio A. Roca (O 135)Racedo, a su vez, da cuenta del formidable resultado de su campaña: la captura de Epunguer, el jefe general de los rancülche, quien había regresado con sus mujeres para cosechar el grano de sus sementeras: Río IV, 7/1/79. Al señor ministro de la Guerra: De regreso le hago el presente desde Leuvucó, con fecha 2 de enero. El cacique Epumer Rosas, prisionero con 300 almas, entre chusma e indios de lanza. Los mayores Anaya y Alvarez llegaron con sus fuerzas hasta los comienzos de la travesía, en persecución de Baigorrita, quien había sido oficiosamente avisado de mi venida. Puedo asegurar a V.E. que los indios han abandonado por completo sus antiguas guaridas, retirándose casi todos al Chadí-Leuvú, de donde difícilmente vendrán porque están de a pie, como he quedado yo tras ellos. Las fuerzas expedicionarias llegaron más allá de Nahuel Mapó(...) Los salvajes atacaron al mayor Anaya en el punto mencionado(...) lo que me dió por resultado perder 8 soldados y 5 heridos, sufriendo los indios, como es consiguiente, las consecuencias de su temeridad(...) Coronel Racedo (O 136) Incluiré un par de referencias interesantes sobre las circunstancias de esta captura. La primera la cuenta el propio Racedo casi al final de la campaña; es algo extensa, pero instructiva: Agosto 17 al 23 – (...)El 22 tuve el sentimiento de perder, a consecuencia de la viruela, al bravo capitán Ambrosio Carri-pilon (oreja cortada), que tan relevantes servicios había prestado en las distintas expediciones al desierto. Murió joven, de 35 años a lo sumo. Y aquí me permitirá mi distinguido amigo el doctor D. Estanislao S. Zeballos le haga una pequeña rectificación en obsequio del bravo capitán Ambrosio, y de la verdad histórica. En su precioso libro sobre “La conquista de 15.000 leguas”, y en las páginas 342 y 348, consigna la captura del general ranquelino Epugner Rosas, como verificada por el comandante Anaya , en el lugar de Nahuel-Mapú. El distinguido escritor ha sido en esa aserción víctima de un doble error, quizás originado por lo reciente de los sucesos, pues ni fue el comandante Anaya (y no Amaya como él lo llama) el captor de Epugner, ni su captura tuvo lugar en Nahuel-Mapú. Este hecho de trascendentales consecuencias se verificó como paso a referirlo. Realizaba yo mi segunda expedición en el mes de diciembre de 1877 [error: fue en 1878]. Después de seis días de fatigosa marcha desde Sarmiento, llegué en la noche del día 17 al punto denominado Calcúmeleué (lugar de las brujas), donde comienza un monte espesísimo que se extiende hasta Leuvu-có. A pesar de ser este último lugar el asiento principal de la tribu ranquelina que obedecía a Epugner Rosas, yo tenía noticia de que éste lo había abandonado seguido de su pueblo; huyendo de la persecución, que sabía iban a hacerle las fuerzas nacionales. Llegado a Calcú-Meleué asaltóme la sospecha de que bien pudieran haber quedado rezagados en Leuvu-có algunos restos dispersos de la poderosa tribu emigrante, y a objeto de descubrirlos envié a mi vanguardia una partida de 15 indios auxiliares, que cubriéndose con el monte y por caminos de travesía, debían llegar hasta allí sin ser sentidos, siguiéndolos yo de cerca y con iguales precauciones con el resto de la fuerza. Así marchando cautelosamente, fuimos hasta el Trapal, a la una de la madrugada del 18, y ya encontré allí esperándome, un indio de mi partida descubridora, que venía a avisarme habían descubierto en Leuvu-có algunos fogones, indicio inequívoco de que estaba aquello habitado. Fue entonces que, llamando al capitán Carri-pilón le ordené se pusiera al frente de 15 indios más que debían reforzar los ya apostados, y que él, tomando el mando de todos, rodeara el abra de monte donde están ubicados los toldos de Leuvú-có, emboscándose hasta el amanecer, hora en que debía avanzarlos. Ambrosio siguió puntualmente mis instrucciones, y a las 6 a.m. del 18 se me incorporaba el mismo en Leuvú-có, trayendo como trofeo de su comisión al cacique Epugner y sus 11 mujeres, que había aprehendido sin resistencias. Era tal la sorpresa que causó en Ambrosio la captura del temido Epugner, que difícilmente se habría podido adivinar por sus semblantes cuál de los dos era el prisionero. Diario de Racedo (R 227) Y el sacerdote Meinrado Hux, uno de los hombres que más sabe hoy en día de estos temas, historia el suceso de este modo: El 11 de diciembre de 1878 partió esta otra expedición a tierras ranquelinas con el firme propósito de capturar a los caciques Epugner y Baigorrita. Llevó consigo su Batallón de Infantería, el Regimiento 4º de caballería y 100 indios amigos que sacó de las reducciones recientemente organizadas por los misioneros franciscanos. El capitán Ambrosio Carripilán era el jefe de estos ranqueles auxiliares. Se dirigieron nuevamente al corazón de las tierras ranquelinas. Llegaron exploradores para avisar que en la noche del 18 habían visto fogones encendidos en Leuvucó. En efecto, Epugner Rosas había venido con pocos indios a levantar la cosecha de cebada. Entonces Racedo destacó al capitán del escuadrón de Ranqueles y 30 indios para apresar al cacique Epunguer. Se les entregó sin resistencia, quizás porque no lo hicieron de modo violento sino diplomáticamente. Se entregó con 3 indios y 8 mujeres, diciendo que aún confiaba en la buena fe de los cristianos. (H 118) Aprovecho para insertar la cruda cita que el padre Meinrado toma de “Crónica del Colegio Apostólico de los Padres Franciscanos de la Propaganda Fide, Río IV, 6/6/82”, debida a la pluma del padre Moisés Alvarez, que palpó la conquista de cerca: Estos infelices eran perseguidos con un encarnizamiento increíble; a esto se agrega que al mismo tiempo los diezmaba la terrible viruela negra. Vagaban por la pampa sin dirección ni tino, huyendo siempre y siempre cayendo en manos de los “cristianos”. Los que se obstinaban, morían a bala, y los que se entregaban morían también por la viruela. (H 119) Volviendo a Racedo, apenas retorna con Epunguer como trofeo ejecuta otro ataque. Villa Mercedes, 23/1/79Al inspector General de Armas. Ayer llegué a esta guarnición Sarmiento. Dos horas después de mandado a V.S. el parte anterior de mi expedición, presentóse un cautivo. Habíase escapado, diciéndome que los indios agrupados en los parajes Curu-mahuida y Sanu-mahuida que se hallan en la travesía, esperaban mi regreso para volverse. Dí descanso a la caballería y organicé una partida de 200 hombres, la cual despaché al mando del mayor Anaya. A los dos y medio días de marcha forzada, llegué a los puntos indicados, y los indios, puestos en fuga, fueron perseguidos hasta un tercio de la travesía, tomándoles 83 prisioneros, entre indios de lanza y chusma. Por los prisioneros sé que no volverán más. Según ellos, los indios estaban dispuestos, si se les perseguía nuevamente, a incorporarse a los chilenos. Los campos de la travesía son inhabitables, el pasto es amargo y escasísimo: cada vara se encuentra una mata. En tres días más estaré en Mercedes, pasaré al Río IV a recibir caballos y restablecer mi salud. He venido enfermo. Con 600 mulas más, mi División estará pronta para la gran expedición. Coronel Racedo (O 138) Hubiera sido seguramente interesante transcribir la felicitación de Roca, pero no la he hallado. Días después, las tropas de Freire, aunque también enfermo, hacen el relevo en la persecución de los rancülche y les asestan los terribles golpes detallados en los tres partes que siguen: Guaminí, 15/2/79. Señor Inspector y Comandante General de Armas. (...) Llevo 103 indios de lanza prisioneros, 297 de chusma, 27 cautivos de ambos sexos rescatados. Han sido muertos el Cacique Pichun, tío de Baigorrita, los capitanejos Lencué, Lincopal y Chincol y cuarenta y cinco de lanza. Se han tomado 243 animales vacunos, 777 lanares y 300 caballos más o menos. Por nuestra parte sólo tenemos que lamentar la muerte de un cabo del Regimiento 2º, un cabo y un soldado heridos y un trompa extraviado(...) Teniente coronel Freire (O 149) Guaminí, 15/2/79. Al señor ministro de la Guerra, Gral. D. Julio A. Roca: Por el parte que dirijo al señor Inspector se impondrá V.E. del resultado de la expedición que se sirvió confiarme. El ha debido ser mejor, pero me faltó la caballada en el momento debido no tan sólo a las grandes fatigas que ha soportado, como a la carencia casi absoluta de pastos, pues Baigorrita había dado orden de mondar todos los campos, lo que ha hecho de una manera completa. Los indios han principiado por mandar sus haciendas al Chadi-Leuvú, y aunque ellos parece no están dispuestos a irse, no tengo duda de que lo harán en la primera amenaza que se les haga de Villa Mercedes o Sarmiento. Hay una gran seca, las lagunas principian a secarse, y a ponerse el agua intomable, hasta para la misma caballada(...) Marcelino Freire (O 149) Guaminí, 18/2/79. Al señor ministro de la Guerra: En este momento se incorporan el comandante Godoy y el mayor Alvarez, el primero conduciendo al capitanejo Huincal con doce indios de lanza, dos cautivos y cuarenta y uno de chusma; el segundo al célebre capitanejo Painé y treinta y uno de lanza, siete cautivos y dos de chusma, además de ochenta caballos(...) Marcelino Freire (O 150) Esta táctica de caza, consistente en machacar contínuamente sin dar respiro a la presa, resulta, como indican las cifras de muertos y prisioneros, de una eficacia letal, acentuada por el efecto secundario de cantidad de fugitivos que se “presentan” -como gusta decir la jerga de los partes militares para referirse a los grupos que vienen a entregarse sin combatir-, acosados por la desmoralización y la escasez. Veamos un breve racconto con una selección de telegramas y partes sobre este particular. Bs. As., 25/11/78Al coronel Racedo - Villa Mercedes (...) Juan José Catriel se presentó a Vintter con 150 lanzas y 400 de chusma(...) El capitanejo Catrenao acaba de presentarse al coronel Villegas con 13 indios de lanza y 13 mujeres de Pincen (...) Julio A. Roca (O 122) [?] 26/11/78 Señor ministro de la Guerra Origunao no esperando condiciones se presentó a ésta. Trae diez lanzas, dos chinas y dos criaturas (...) Coronel Racedo (O 126) Médano de la Laguna, s/f Al Comandante General de Armas (...) Se me han incorporado los caciques Nahuel Payu y Pichi Pincen, como capitanejos, cincuenta y un indios de lanza, cuatro cautivos y ciento setenta y cuatro familias y chusmas(...) Comandante Sáez (O 132) Guaminí, 27/12/78 Al señor Inspector General de Armas Acaban de presentarse cuatro indios de lanza con dos de chusma y nueve criaturas(...) M. Freire (O 133) Guaminí, 3/1/79 Al señor ministro de la Guerra (...) Mañana estarán aquí 73 indios y chusma que me avisan que vienen a presentarse(...) Comandante Freire (O 135) Guaminí, 5/1/79 Señor ministro de la Guerra Acaban de presentarse dos indios, con cartas de los capitanejos Zanqueman y Lanúz, avisando que vienen con 19 indios de lanza y 52 familias y chusma(...) Comandante Freire (O 135) Carhué, 8/1/79 Al Señor Inspector General de Armas (...) Acaba de llegar(...) el capitanejo Blanquillo, de importancia, con nueve indios de lanza y cuarenta y seis de chusma(...) Coronel Levalle (O 137) Adviértase que estas referencias abarcan un período de apenas 45 días... Mientras tanto, a principios de febrero también comienza a operar la 4ª. División que, al mando del teniente coronel Napoleón Uriburu, se prepara para partir de la frontera de Mendoza hacia el sur cuando comience la “gran expedición”, con la misión específica de cortar el camino de los grupos de fugitivos de la pampa que intenten el recurso lógico de buscar refugio en la cordillera. Con este cerrojo quedará lista la trampa para garantizar que nadie escape a la ‘limpieza definitiva’ del área dispuesta por la ley citada al comienzo. No incluiré partes emitidos por jefes de esta 4ª. División hasta el momento en que tomen contacto con los rancülche, pero señalo que, para entonces, habrán desarrollado una intensa actividad sobre las tribus de la actual provincia del Neuquén, de la cual aquí sólo veremos apuntes incidentales. Los acosados rancülche intentan a veces acciones desesperadas, que se estrellan contra la superioridad de medios bélicos del enemigo: Villa Mercedes, marzo 13 de 1879. Al señor Comandante General de Armas de la Nación. El capitán Guevara, del cuerpo de mi mando, que el 26 del pasado desprendí con una partida ligera a explorar los campos de Leuvucó y Poitahué, me comunica que viene ya de regreso y a la vez me anticipa la noticia que en el primero de los parajes indicado ha habido una fuerza de ochenta indios que intentaron arrebatarle la caballada, matándoles quince hombres, hiriéndole muchos otros y tomándoles treinta prisioneros, incluso chusma y cinco cautivos. Los indios se han batido con desesperación, pues echaron pie a tierra y es en el entrevero donde resultaron cuatro heridos y dos contusos por nuestra parte. También han tomado a los salvajes una cantidad de animales vacunos, caballos y yeguas, cuyo número aun no conozco con exactitud(...) E. Rodríguez - Teniente coronel (O 151) Y así, aun los jefes más valerosos, como Cayumùtang (Seis Cuernos), el hermano menor de Baigorrita de quien tan mal habla Mansilla en Una excursión a los indios ranqueles, terminan por “presentarse”: Sarmiento, Marzo 29 de 1879. (...) En este momento se que Linconao ha salido a recibir á un indio que viene con la familia a presentarse; el indio es Cayu mota(...) Fr. Moisés Alvarez (T 262) Incluyo el siguiente resumen, elaborado por Napoleón Uriburu, debido a la importancia de la información que aporta: Mendoza, marzo 17 de 1879. Al señor Inspector General de Armas. Por cautivos escapados de los últimos restos de los Ranqueles que van en marcha al alto Neuquén con sus familias y ganados, conozco lo siguiente: Los indios van profundamente desmoralizados; la anarquía reina entre ellos, atribuyéndose unos a otros los desastres que sufren y despavoridos buscan una guarida en lo más recóndito de los Andes, figurándose que allí no los alcanzaremos. No quedan más que algunas partidas que no llegan a cincuenta indios; diseminados sin rumbo, desde las cercanías de sus antiguos campamentos hasta el Nahuel Mapu, sin paradero fijo y sin familia. Están mal montados. Por un mes han recorrido la costa occidental del Chalileo, sin permanecer tres días en un campamento por temor de que se les diera caza por las fuerzas de la frontera, pero con la caballada destruída hasta ya no tener en qué montar. El número de indios que hay al mando de los sucesores de Mariano y Epumer Rosas, Guoigioner [Guaiquinguer], hijo del primero, Parciatru [Panguichrür] del segundo, es de cien o poco más, pero la chusma pasa de seiscientos. Los animales que conducen son mil, entre caballos, yeguas y vacunos. El camino que siguen en su fuga es el de la costa suroeste, hasta donde principia el río a formar la Urrelauquen, y desde allí tomaron al suroeste, se dirigieron al río Colorado, desde donde desertaron los cautivos, tomándoles algunos caballos, los que no le sirvieron para llegar al Atuel, por lo que vinieron a pie. Los indios son conducidos por un chileno llamado Manuel, sin otro nombre. Los lleva al alto Neuquén, aunque los indios dan la preferencia a Weulen, que estando más al sur, y teniendo más lanzas, les ofrece más garantías para dejar sus familias y poder dar malón a la frontera cuando invernen sus caballos, lo cual no podía ya suceder este año, por lo avanzado de la estación y el mal estado de aquélla, de la que morirá gran parte. No tenían esos indios noticias de Baigorrita y estaban disgustados con él. Ningún indio de ese cacique se les había incorporado; no creen que busquen la incorporación a Namuncurá y piensan que todos seguirán el camino del río Negro, ya por una u otra margen(...) N. Uriburu, Teniente Coronel (O 152) PANGUICHRÜRNGUER (MARIANO ROSAS) Se ha mencionado al “sucesor de Mariano” con referencia a Mariano Rosas, a quien ya mencioné en la introducción. La siguiente síntesis, aunque con imprecisiones -no demasiado graves-, permite formarse una idea acerca de este jefe. Mariano Rosas Paghitruz Güor [Panguichrürnguer], "zorro cazador de leones" nació hacia 1825 a orillas de la laguna Leuvucó, (30 kilómetros de Victorica, nordeste de La Pampa). Fue el segundo hijo del cacique Painé [Painenguer: Zorro Celeste] y de una cautiva. Los niños aprendían temprano a prepararse para la guerra contra los huincas y el cuidado del ganado. Cuando los adultos salían de cacería o a maloquear, los chicos se quedaban cuidando las caballadas de reserva, a veces muy lejos de la toldería. Así fue como Paghitruz y otros chicos indígenas fueron tomados prisioneros junto a la laguna de Langhelo, cerca de Melincué, mientras los lanceros intentaban un malón hacia la frontera norte. La partida militar los trasladó engrillados hasta Santos Lugares. Poco después los llevó en presencia de Juan Manuel de Rosas. Al enterarse de que Paghitruz era hijo de un cacique famoso, el Restaurador "le hizo bautizar, sirviéndole de padrino, le puso Mariano en la pila, le dio su apellido y le mandó con los otros de peón a su estancia del Pino", cuenta Mansilla, él mismo sobrino de Rosas. Entre rebencazos gratuitos y muestras de afecto, allí aprendió a leer y escribir, y se hizo diestro en las faenas rurales. "Nadie bolea, ni piala, ni sujeta un potro del cabestro como él", diría el escritor. Pero en seis años no perdieron la nostalgia por la toldería. Una noche de luna llena de 1840, los chicos ranqueles montaron los mejores caballos y escaparon. Anduvieron perdidos, pero lograron escabullirse de sus perseguidores y engañar a la Policía. Llevaba poco tiempo de regreso en Leuvucó, cuando Mariano recibió un regio regalo de su padrino. "Consistía en doscientas yeguas, cincuenta vacas y diez toros de un pelo, dos tropillas de overos negros con madrinas oscuras, un apero completo con muchas prendas de plata, algunas arrobas de yerba y azúcar, tabaco y papel, ropa fina, un uniforme de coronel y muchas divisas coloradas", relata Mansilla. Con el obsequio venía "una cartita meliflua" y la invitación a visitarlo. Pero Mariano, tras consultar a las "agoreras", juró no dejar nunca su tierra. Conservó hasta en las firmas su nombre cristiano, guardó eterna y pública gratitud hacia su padrino, pero no abandonó su lengua ni su pago. Ni siquiera cuando la viruela diezmó a su tribu y el Gobierno le ofreció trasladarlos. En 1858 asumió la máxima conducción del cacicazgo —pertenecía a la dinastía de los zorros, la más prestigiosa—, flanqueado por otros dos grandes caciques: Baigorrita y Ramón el Platero. Fue un gran jefe en la guerra contra el huinca, hospitalario con las familias unitarias prófugas de los federales. Y también en los largos períodos de paz que consiguió pactar, en los que fomentó la agricultura y la ganadería. Mariano Rosas murió de enfermedad el 18 de agosto de 1877. Las honras fúnebres de su pueblo fueron tan magníficas, que quedaron consignadas en el periódico La Mañana del Sur, de Buenos Aires. Un año después, el Gobierno lanzaría la Campaña al Desierto. Traicionados, los lanceros serían pasados a degüello. Los sobrevivientes, repartidos en estancias pampeanas o desparramados por Tucumán, Martín García y hasta en las islas Malvinas. Las mujeres fueron destinadas al servicio doméstico. Los chicos, como peones. En 1879, el coronel Eduardo Racedo remató el aniquilamiento. Descubrió en Leuvucó la tumba de Mariano Rosas y se alzó con sus huesos, con la idea de enviarlos a la Sociedad Antropológica de Berlín. Terminó obsequiándolos a Estanislao Zeballos, un coleccionista de cráneos que a fines del siglo XIX los donó al Museo de Ciencias Naturales de La Plata. En 1893, la revista del museo analizaba el conjunto de 111 calaveras masculinas y femeninas. En el catálogo escrito por Lehmann Nitsche, la de Mariano Rosas llevaba el número 292. El 241 correspondía al célebre cacique araucano Calfucurá. Trofeo de guerra primero, patrimonio antropológico después, el cráneo del zorro cazador de leones estuvo expuesto en el museo durante un siglo. Hasta que, con el retorno de la democracia, los ranqueles comenzaron a reagruparse y, apoyados por el gobierno pampeano, reclamaron los restos de sus ancestros. Guardados en una urna, los de Mariano Rosas permanecieron perdidos durante varios años. Fue necesaria una ley del Congreso de la Nación para que algunos antropólogos renuentes cedieran las "piezas". El viernes próximo, la Secretaría de Desarrollo Social —de la que depende el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas— devolverá los restos a los descendientes de Mariano Rosas. Serán velados con todos los honores por las comunidades ranqueles. Y descansarán para siempre junto a la laguna de Leuvucó, bajo un mausoleo coronado por la escultura de un zorro. SIBILA CAMPSDiario Clarín 16-06-01.
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